Megacausa La Perla: Revivir el viejo dolor para hacer justicia

6 Min Read
Megacausa La Perla: Revivir el viejo dolor para hacer justicia

Todo lo que se diga del infierno no es el infierno. Sólo quienes lo han atravesado saben cómo quema su ardor en la piel, en el aliento, en los ojos, en los oídos, en la nariz y, sobre todo, en esa imprecisa, inaprensible y dolorosa sustancia de la condición humana que a veces, sublimada más allá de las circunstancias histórico–existenciales, acaso es posible llamarla alma.

Todo lo vivido es definitivo: siempre está, tal vez agazapado, suspendido, silenciado, pero que no deja de estar. Sucede con las historias personales pero también con las de una sociedad. Esta provincia de Córdoba, como esta Argentina, fueron sumergidas en un reino oscuro y clandestino que latía de día y andaba de noche. El reino de un Estado terrorista que se escondía, que nunca fue capaz de dar la cara.

Ese era el subsuelo de la condición humana. Allí se torturaba, violaba y mataba en nombre de una tenebrosa patria. Sólo las víctimas y sus victimarios sabían de qué se trataba; alrededor, había un mundo sordo. Ni siquiera la posibilidad de emerger de las catacumbas y habitar en la claridad alcanzaba para dejar atrás semejantes padecimientos: para el puñado de sobrevivientes que alcanzó la superficie, el manotazo de los represores siempre estuvo acechando.

Córdoba identificó a 17 desaparecidos hallados en fosas vinculadas a La Perla

Hasta aquellos días en los que las calles de mayo de 2017, repletas de multitudes, repudiaron el intento de liberar a los asesinos aplicando el beneficio de dos por uno para presidiarios comunes. El próximo 25 de agosto, es decir, en unos días nomás, se cumplirá una década de la sentencia del juicio más largo, abundante y significativo de la historia judicial de Córdoba; la llamada Megacausa La Perla, que juzgó crímenes de lesa humanidad cometidos en ese centro clandestino de concentración, así como en Campo de la Rivera y la D2, en los años de la sangrienta dictadura instalada en marzo de 1976 y sus prolegómenos del espanto.

La reparación

El tremendo manotazo represivo tuvo un ensañamiento especial con Córdoba. Había sobre esta tierra un pesado rencor por parte de las Fuerzas Armadas y de los poderes que las asistían y se valían de su rigor para llevar adelante dictaduras contra los derechos del pueblo.

Ese rencor tenía una fecha especial: el 29 de mayo de 1969, cuando se desató la rebelión popular llamada “Cordobazo”, que acorralaba a la autodenominada “Revolución argentina”, es decir, la dictadura encabezada por el general Juan Carlos Onganía, hasta hacerla caer un año después.

Apenas dos años más tarde, otro movimiento popular sacudirá la vida cordobesa: “El viborazo”. Fue en respuesta a la frase del interventor José Camilo Uriburu, quien pronunció su temeraria frase: “Confundida entre la múltiple masa de valores morales que es Córdoba, por definición, se anida una venenosa serpiente cuya cabeza quizá dios me depare el honor histórico de cortar de un solo tajo”.

Y en septiembre de 1975, llegó el general Luciano Benjamín Menéndez para convertirse en comandante del Tercer Cuerpo de Ejército. El clima nacional se había vuelto una espesura caliente y faltaban unos pocos meses para el golpe de Estado. Menéndez se transformaría en el amo de la vida y la muerte de los cordobeses.

Las audiencias comenzaron el 4 de diciembre de 2012 y demandó tres años y ocho meses tratar los casos de 716 víctimas y escuchar a 581 testigos durante más de 350 audiencias. Fueron condenados a prisión perpetua 28 de los 43 acusados, de los más de 50 que llegó a contar la causa.

Luego de la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final, comenzaron a desarrollarse los juicios por crímenes de lesa humanidad, imprescriptibles. Hasta el año pasado, se llevaban realizados 19 en el ámbito de la Justicia Federal de Córdoba, desde aquella primera causa Brandalisis por las que Menéndez recibió la primera de las 13 cadenas perpetua a las que fue condenado. En todas las causas, el testimonio de los sobrevivientes fue clave. Fueron autores de su propia reparación y la de otras cientos de víctimas. Pero no fue sencillo volver a pasar una y otra vez por el mismo espanto. Esa es una historia que merece ser contada para asomarse a la esencia de la materia de la que fueron hechos estos juicios: un largo y persistente dolor.

Share This Article
Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *