Los analistas consultados por el Banco Central estiman un dólar mayorista a 1.650 pesos para fin de año y se reaviva el debate por el atraso cambiario

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Los analistas consultados por el Banco Central estiman un dólar mayorista a 1.650 pesos para fin de año y se reaviva el debate por el atraso cambiario

El último relevamiento de LatinFocus y del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que publica el Banco Central confirmó la tendencia de una suba moderada para el tipo de cambio oficial. Quienes siguen de cerca el día a día de la economía sostienen que la estrategia oficial de utilizar el dólar como ancla nominal alivia la suba de precios en el corto plazo, pero erosiona la rentabilidad de las economías regionales, las cuales deben absorber incrementos salariales y de tarifas con un tipo de cambio que no acompaña dicha dinámica.

La pérdida de competitividad en la mira

El debate por el atraso cambiario sumó nuevos capítulos en las últimas semanas a partir de la brecha entre el ritmo de la inflación y el deslizamiento del dólar mayorista. Los referentes de las principales cámaras productoras explicaron que, cuando la inflación avanza por encima del dólar, los costos de producir en la Argentina se encarecen medidos en moneda dura, lo que dificulta la colocación de manufacturas y materias primas en los mercados internacionales. Esta situación genera una pérdida de competitividad estructural que afecta no solo a los sectores primarios, sino también al entramado industrial exportador.

La preocupación se traslada de manera directa a los mostradores y a las líneas de producción, donde el encarecimiento de los insumos importados y los costos logísticos internos condicionan la competitividad del país frente a los competidores de la región, como Brasil o Uruguay. Según los analistas, mantener este esquema requerirá de una sintonía fina para evitar que la brecha cambiaria vuelva a ampliarse y presione sobre las reservas del Banco Central en la última parte del año, un período históricamente complejo para la liquidación de divisas por razones estacionales.

Asimismo, los especialistas advierten que la persistencia de este esquema cambiario podría postergar decisiones clave de inversión y financiamiento externo, a la espera de señales más claras sobre la unificación del mercado de cambios. En este contexto, el desafío del Gobierno se centra en equilibrar la necesidad de contener la inflación sin desincentivar la oferta de divisas del sector exportador, clave para el fortalecimiento de las reservas internacionales.

Por su parte, diversas consultoras privadas señalan que la apreciación del peso en términos reales genera un incentivo adverso para la liquidación de divisas por parte del sector agropecuario. Al percibir que el tipo de cambio oficial corre por detrás de la evolución de los precios internos, los productores tienden a retener gran parte de sus cosechas como reserva de valor, lo que restringe el flujo de dólares hacia el mercado único y libre de cambios.

Esta menor oferta de divisas comerciales coincide con un período en el que los compromisos de deuda externa y los pagos por importaciones demandan un flujo constante de recursos. En consecuencia, la autoridad monetaria se ve obligada a intervenir activamente en el mercado de bonos para contener las cotizaciones financieras, una estrategia que, según los expertos, limita la capacidad de acumulación de reservas netas en el mediano plazo.

En el ámbito de las economías regionales, el impacto se siente con mayor fuerza en sectores como la fruticultura, la vitivinicultura y la pesca, que dependen fuertemente de la mano de obra intensiva y de insumos dolarizados. Los márgenes de ganancia de estas actividades se han visto reducidos al mínimo, lo que compromete no solo la rentabilidad del ciclo actual, sino también la planificación de las próximas campañas productivas.

Ante este panorama, los analistas debaten sobre la viabilidad de mantener el actual ritmo de devaluación mensual, conocido como crawling peg, en los niveles vigentes. Mientras que algunos economistas sugieren que una aceleración gradual del ritmo de devaluación podría aliviar las presiones sobre el sector externo, otros advierten que cualquier salto cambiario brusco se trasladaría rápidamente a los precios, neutralizando los esfuerzos realizados en materia de desinflación.

Finalmente, la resolución de esta tensión cambiaria dependerá de la velocidad con la que el Banco Central logre sanear su balance y de la eventual llegada de nuevos desembolsos de organismos internacionales. La unificación cambiaria y la eliminación de las restricciones al acceso de divisas continúan siendo los objetivos de mediano plazo, aunque el sendero para alcanzarlos exige un delicado equilibrio macroeconómico en los meses venideros.

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