Periodista: ¿Qué lectura hace de lo que plantea la Auditoría General de la Nación (AGN) sobre la operatoria del Banco Central con el oro?
Leonardo Chialva: Creo que es un papelón de la AGN. Se mete en temas técnicos buscándole el pelo al huevo. A este Gobierno se lo ataca por cuestiones criticables, pero también se le busca el pelo al huevo en cosas que son operatoria natural de los técnicos del Banco Central, que casi ni corresponden a su gestión política. Es una operatoria que se hace desde hace décadas y busca quitarle volatilidad a la tenencia. Te quedás con la primera parte de la suba o de la baja y, en función de la volatilidad histórica del oro, le quitás volatilidad al resto. Es como pensar que uno pierde plata todos los meses porque paga el seguro del auto. Si mañana el oro valiera 50% menos, un banco central no puede darse el gusto de perder esa plata. De hecho, mirando lo que pasa en 2026, lo más probable es que el Banco Central haya ganado plata con esa operatoria.
La AGN nunca lo había evaluado, pese a que figura en las memorias de los balances de prácticamente todos los últimos años. Creo que forma parte de cierta sobreactuación de la política, y tal vez de los consultores, de buscar algún tema para criticar. Pasó con la mora: el tema del invierno fue el precio de la energía, y de eso no se habló.
P.: ¿Qué le llamó la atención del precio de la energía en el invierno?
L.C.: El precio de la energía mayorista fue una voladura: se multiplicó por cuatro. Muchas empresas habían pasado al mercado mayorista porque en el verano la energía había sido muy barata. Empezamos a tener competencia en un mercado que se desregula. La Argentina va a ser un país con energía barata, pero le quedan problemas por resolver. Tal vez este haya sido el último año en que se importó gas y se generó energía con fueloil y gasoil.
Con la guerra en Irán, el precio de la energía voló a nivel global justo cuando la Argentina entraba en el invierno. En invierno el gas lo usan los hogares y la generación eléctrica pasa a hacerse con gas o combustibles importados. Eso encarece el precio marginal, que es el que reciben las industrias que entraron al mercado mayorista. Claramente se equivocaron. Otras, como Loma Negra, hicieron una gestión eficiente. Produjo en verano, cuando la energía es barata, el insumo para el cemento, se sobrestockeó y paró la planta en invierno. Determinó que el costo financiero de sobrestockearse era menor que el costo energético de producir en invierno. Los que no lo hicieron la pasaron muy mal: el megavatio pasó de unos 40 dólares a 160.
Creo que esa es una de las causas del llamativo dato de caída de la actividad de julio, cuando las mediciones privadas ya muestran una fuerte recuperación en agosto y septiembre. Seguimos en el serrucho: uno puede mirar el diente para abajo o el diente para arriba. Al consumidor le llegó una factura más alta, sobre todo por el gas para calefaccionar, y tuvo que dejar de consumir otras cosas. Y muchas industrias recortaron producción por el costo de la energía. El año que viene, con la ampliación del gasoducto Perito Moreno, es muy probable que se reduzca notoriamente la volatilidad del precio de la energía. Eso pasa a ser uno de los principales activos de la nueva Argentina: un costo energético bajo y una competitividad muy favorable frente al mundo.
P.: Siendo un país productor de petróleo y gas, ¿puede la Argentina lograr que baje el precio de la materia prima o está atada al precio internacional?
L.C.: Se ve con el gas. El petróleo es un commodity que se transporta. En Estados Unidos puede valer 10 o 15 dólares menos que en Europa, pero la diferencia no es tan marcada. Con el gas es distinto. En invierno, Estados Unidos tiene 3 dólares por millón de BTU y el gas natural licuado en Japón o Europa está a 25. La Argentina, con el Plan Gas, tiene 3 dólares en verano y 4,5 en invierno. Si redondeamos en 5 contra 25, en Europa o Asia es cinco veces más caro, y nosotros estamos apenas por encima de Estados Unidos. Claro que el gas está en Neuquén y hay que transportarlo. Esa es la obra de infraestructura que se estuvo haciendo para que, desde el año que viene, se abarate muchísimo la electricidad.
Por eso se están presentando RIGI industriales, como el de la urea, que industrializa el gas en un producto que Latinoamérica importa. También está Toyota, un caso superexitoso que este año bate récords de producción y exportación desde su planta argentina. Esa es la perspectiva, pero este año fue un lío. Fue la noticia económica del invierno y, sin embargo, la agenda mediática fue otra.
P.: Aunque el INDEC no lo refleje del todo, el peso de los servicios en el gasto de los hogares fue creciendo. ¿Esto podría mejorar la desaceleración de la inflación?
L.C.: Lo más importante es dónde están los precios relativos, y la Argentina ya los acomodó. Antes un electrodoméstico era muy caro en relación con cada megavatio que usabas en tu casa. El gas y la electricidad el año que viene juegan otro partido. Quedan las naftas, que dependen de la guerra y del precio internacional. Tenemos que entender que no se puede intervenir ese precio en perjuicio del productor. Deja de producir, después tenés que importar y, cuando importás, vale cinco veces más. Lo mejor es bancarnos el chubasco que nos trajo la guerra y respetar las reglas, porque vamos hacia una ventaja competitiva en costo energético. Las soluciones cortoplacistas retraen las inversiones y la producción, y terminás importando en un mundo donde todos están desesperados por importar.
P.: El economista Alberto Ades estuvo hace poco en el país, expuso ante el Gabinete y planteó que la transición productiva no está exenta de costos y que hay que pensar medidas que funcionen como amortiguadores. ¿Coincide con esa mirada? ¿Considera que el Gobierno va en ese sentido?
L.C.: Alberto dijo un millón de cosas. También habló de lo que pasa desde el tercer trimestre del año pasado, y es lógico: sufriste lo que yo llamo el “lefilazo”. Terminar con las LEFI fue una gran medida estructural con un gran costo coyuntural. Las tasas fueron al 200%, y se sumaron la elección y la guerra. La desaceleración pasó acá, en Brasil, en Chile y en Uruguay. Lo más importante es seguir quitándole la pata de la cabeza al sector privado, que vive una transformación sustantiva. Fate cierra, y Bridgestone se reconvirtió apostando a neumáticos de camioneta, en un país que va a producir solamente camionetas e importar el resto.
Tomemos la industria automotriz. Si mirás las estadísticas públicas, es un colapso: produce al 40% de la capacidad instalada. Pero la película es fabulosa. La Argentina dejó de producir modelos viejos que no podían competir para reconvertirse. Renault pasó a producción cero en prácticamente siete modelos y paró la planta para lanzar la Niagara. La producción cayó 100.000 unidades, pero lo explican básicamente dos marcas, y la noticia es positiva. Renault invierte 500 millones de euros para competir con los vehículos del Mercosur y los chinos. Ahí decide el consumidor, sobre todo el brasileño: la Fiat Toro de Pernambuco o la Niagara argentina. Va a fabricar entre 40.000 y 70.000 unidades. Lo mismo con Volkswagen: la producción de la Amarok cayó, de memoria, a 22.000 unidades, y la nueva planea 60.000. Si el consumidor acepta estos productos, el año que viene la producción automotriz va a subir más de 20%. ¿Y entonces? ¿Ahora somos China y este año estábamos destruidos? Stellantis también invirtió más de 500 millones de dólares para fabricar en Córdoba la Fiat Titano y la RAM Dakota y, desde enero, motores para exportar a Brasil.
P.: Sin embargo, el presidente de Stellantis no descartó reducir la producción en la Argentina por problemas de competitividad y por la apertura importadora. ¿Cómo lo interpreta?
L.C.: En el sector los ciclos son cada vez más cortos: lanzás un auto y dura dos años. Stellantis acaba de hacer una megainversión en Ferreyra, Córdoba. Pero en Buenos Aires fabrica el Peugeot 208 y el 2008, que no tienen escala y están en un ciclo de caída. Ahí hay una decisión empresarial: reformularlos, convertir la planta para camionetas o cerrarla y potenciar Córdoba. Pero Stellantis no se retira de la Argentina, todo lo contrario.
El CEO de Ford dice que Ford Argentina compite con Ford Tailandia y Ford China. Es el sector más complejo del mundo: ni los europeos pueden competir con los chinos. Según Ford, un vehículo exportado cargaba 24% de impuestos. La Nación le bajó sus 10 puntos, pero quedaron 14 de provincias y municipios, que paradójicamente se presentan como los más industrialistas. Siete de cada diez camionetas se exportan. Ahora empezó la competencia entre regiones, y eso es buenísimo. Catamarca quitó el impuesto y, creo que fue Longvie, cierra plantas en Entre Ríos y Buenos Aires para fabricar todo allá. Córdoba decidió no cobrar Ingresos Brutos al sector automotriz. Esa discusión va a definir hacia dónde van las inversiones.
P.: La foto muestra que los sectores mercadointernistas se contraen, con un desempleo que en algunos centros urbanos llega a dos dígitos. ¿Hay algo por hacer para amortiguarlo o hay que dejar que la transición siga su curso?
L.C.: Perón decía que en este país somos todos peronistas. Yo digo que, en el fondo, todos queremos la solución mágica. Lo que hizo grandes a Australia, Israel, Chile o Irlanda fue la decisión del privado. El Estado tiene que mejorarle las condiciones, y el primer input que necesita el privado es estabilidad. Se logra con orden macro, sin fantasear con un plan platita. Todo peso que inyectes de manera pura va a terminar en un dólar más alto y en más inflación. Hicimos tantas macanas que el argentino no cree, y todos los meses compra 2.500 millones de dólares.
Para que queden en el Banco Central, el que liquida tiene que decidir quedarse con pesos. En los congresos donde expongo pregunto cuántos tienen un plazo fijo a 30 días. Nadie. No hay demanda de pesos porque la destruimos con la imprenta. Hay que seguir pagando el precio de atravesar el desierto. Miro actividad, desempleo, pobreza e indigencia, y todos los indicadores mejoran. Cualquier atajo nos llevaría a más pobreza y tal vez a una encerrona sin salida. Además, el petróleo no va a valer 100 dólares para siempre.
P.: En la Argentina Week, el clima era muy bueno, las expectativas de inversión altas, pero la inversión cae hace cinco trimestres consecutivos. ¿Cómo se explica esa contradicción?
L.C.: Las palabras no se traducen en hechos. Estamos en la situación opuesta a la de 2015-2019, cuando hubo mucha inversión financiera y poca productiva. Hoy el inversor financiero está súper eufórico, pero no pone plata: nadie tiene acciones ni bonos, o muy poquito. El inversor productivo tiene preocupaciones constantes: competir con China, la carga impositiva, las leyes laborales, el reintegro de IVA, la carga salarial, la volatilidad del dólar y de las tasas. Es ilógico cobrar 55% de impuestos al que crea trabajo. En noviembre entra el FAL, que implica una reducción impositiva encubierta. Aun así, ese empresario invierte: Renault, Stellantis, Ford, Toyota, y todo lo vinculado a energía y minería. Se calcula incluso que en dos años superaríamos a Chile en producción de litio.
También cambia el patrón de consumo. 2025 fue el mejor año de la historia en venta de autos usados, porque patentar un auto nuevo es muy caro: otra vez el Estado poniendo palos en la rueda. Este Gobierno asumió con 120.000 transferencias mensuales y hoy está en 180.000. Comprar un auto era casi como comprar un cohete a la Luna; hoy el precio relativo cambió, igual que con electrodomésticos y colchones. Se venden 80.000 motos por mes. Si la gente tiene crédito para esos bienes, deja de comprar lo único que podía comprar en el esquema inflacionario. Te puedo armar un relato hiperpositivo con los datos del cambio de modelo o uno hipernegativo con el consumo básico. Trato de ser ecuánime: esto es lo que está pasando, y es lógico que algunos sectores estén muy mal.
P.: ¿Considera que la reactivación del crédito en pesos puede ser un motor para el año próximo?
L.C.: El argentino no quiere pesos. Es un problema de pricing: el peso no tiene precio. Si te presto a un año en pesos, ¿cuál es la tasa? No sabemos, porque las proyecciones para el año que viene dan mucho susto. Entonces funciona el cortísimo plazo: descuento de cheques, préstamos personales, tarjeta. Nadie ahorra en pesos. Lo más largo es en dólares o en UVA.
El modelo apuntó a mantener vivo al peso, que tiene un problema de fondo. Por eso propongo “UVAizar” el sistema financiero. Con tasa nominal, si todo se va al demonio, el que ahorró pierde y el que se endeudó gana. La UVA elimina esa transferencia y reduce la discusión a unos cinco puntos: UVA más 5 o UVA más 10. En pesos, vos podés decir 50% y yo 100%. Si vas a comprar un auto a tres años, no te endeudes en pesos: hacelo en UVA. Pero ojo con la tasa. El otro día, en una concesionaria, un cliente nunca preguntó la tasa, solo la cuota, y se estaba endeudando a UVA más 25. Pregunten la tasa, porque eso puede terminar en un problema que no puedan pagar.
P.: Federico Furiase, secretario de Finanzas, dijo que se preparan para el peor escenario cambiario, pero que con menos pesos y la “bazuca” de dólares proyectada no habrá la volatilidad típica de los años electorales. ¿Considera que el mercado ve lo mismo?
L.C.: Hoy la Argentina es una economía pseudodolarizada. Lo principal que hizo el Gobierno -en su momento pareció un desvarío, pero hoy es un activo- fue solucionar el tema de las LEFI. Antes tenías cuatro bases monetarias venciendo en el día; hoy el 50% de los pasivos en pesos vence a 30 días, y eso da una estabilidad tremenda. El principal activo es que dejó de fabricar pesitos. El otro no depende del Gobierno: las condiciones internacionales, la lluvia, los commodities.
Los argentinos no vemos las cosas en dinámica; pensamos “tengo la plata para pagar”. Ningún país la tiene: el mundo vive contra el flujo. El que saca un hipotecario no tiene la plata de la casa; la paga con el sueldo de toda su vida. Con el Estado pasa lo mismo: no tiene hoy la plata de los vencimientos del año próximo, pero esta economía la genera. Por eso digo que la Argentina está en un estado precapitalista, casi de trueque: si tenés que pagar cinco el año que viene, ya los tenés que tener este año.