El sector turístico argentino enfrenta un escenario crítico tras perder el liderazgo en la recepción de visitantes internacionales en la región. Durante 2025, el país registró la llegada de 5,68 millones de turistas extranjeros, una cifra que consolida la caída del turismo receptivo y expone un declive silencioso que arrastra quince años de retroceso frente al crecimiento global. Los referentes de la actividad y los especialistas advierten que la falta de políticas de Estado sostenidas y las fluctuaciones cambiarias impiden transformar el enorme potencial natural y cultural en una industria competitiva.
La inestabilidad macroeconómica golpea de forma directa la planificación de los operadores y la reputación del destino. Daniel Schteingart, sociólogo de Fundar y coautor del informe Argendata, analizó el comportamiento de los viajeros según su origen: “La inestabilidad macro le hace muy mal a la reputación del país, sobre todo para turistas de países desarrollados, que son quizás los de mayor poder adquisitivo”. En ese sentido, el investigador diferenció el impacto del tipo de cambio en los mercados limítrofes respecto a los de larga distancia: “Vos tenés la Argentina muy barata en dólares al tipo de cambio paralelo en 2022 y 2023, y tenías todo inundado de países vecinos. Argentina se volvió cara en 2024 y 2025, y esos turistas desaparecieron”.
La pérdida de competitividad no se reduce únicamente a la cotización de la moneda. Desde el sector privado, las críticas apuntan a la estructura de costos que deben afrontar los prestadores locales. El expresidente de la Cámara Argentina de Turismo, Aldo Elías, fue tajante al señalar las dificultades que atraviesa la actividad: “Argentina tiene problemas de competitividad en sus actividades económicas y la razón de esto es la asfixiante presión impositiva que padecemos”. Para el dirigente, las devaluaciones recurrentes solo ofrecen un alivio temporal y ficticio: “Inflación, emisión y devaluación pueden generar llegada de turismo desde el exterior, pero a un costo muy alto para la economía”.
Conectividad y discontinuidad de políticas
La conectividad aérea se mantiene como uno de los principales cuellos de botella para el ingreso de visitantes de larga distancia. Las tarifas elevadas y la pérdida de rutas internacionales limitan el crecimiento del receptivo. Karina Perticone, directora ejecutiva de VisitBA, remarcó la gravedad de esta problemática: “Somos de los aéreos más caros del mundo, y eso es lo que traba el resto de las cosas”. La funcionaria ejemplificó el impacto de la pérdida de rutas estratégicas al señalar que “perdimos los vuelos de Air New Zealand, perdimos los vuelos que iban por esa ruta, que es importantísima, y nos traían muchos turistas”.
Por su parte, el exministro de Turismo y Deportes de la Nación, Matías Lammens, cuestionó la falta de inversión actual y la interrupción de programas que habían logrado consenso sectorial. Lammens defendió la gestión de herramientas de fomento y lamentó que “en lugar de seguir perfeccionando una política que tenía el consenso de la mayoría de los sectores políticos, del sector privado y fundamentalmente de los usuarios, se discontinuó con argumentos ideológicos y sin mayores explicaciones”. Según el exfuncionario, el desarrollo turístico requiere de tres pilares fundamentales que hoy se encuentran desatendidos: “La promoción del destino en mercados estratégicos, el impulso de la conectividad y la atracción de inversión privada en hotelería”.
La falta de una estrategia unificada también se evidencia en decisiones de posicionamiento internacional, como ocurrió con la Guía Michelin, cuya cuota nacional no fue renovada por el gobierno federal, obligando a las administraciones de Buenos Aires y Mendoza a asumir el costo con fondos propios para no perder la distinción gastronómica.
La oportunidad de la naturaleza y la ventana cordillerana
Frente a la crisis de los destinos tradicionales, los operadores de turismo activo y conservación proponen un cambio de paradigma enfocado en la biodiversidad. Sofía Heinonen, directora ejecutiva de Rewilding Argentina, planteó la necesidad de superar la promoción histórica basada únicamente en el tango, el fútbol, el vino y las ciudades: “Habíamos llegado a un techo de posicionarnos de esa forma. Hoy nuestro mayor atractivo es la naturaleza con impacto social, con arraigo”. Para Heinonen, la riqueza natural del territorio nacional representa una ventaja competitiva única que debe gestionarse con una mirada federal: “Lo más importante lo tenemos. Tenemos diversidad, tenemos cultura, tenemos recuperación de ecosistemas, una experiencia estrella. Lo que nos queda por delante es un trabajo político estratégico fundamental”.
En sintonía con esta mirada de desarrollo local, Maita Barrenechea, fundadora de MAI10, destacó la capacidad del sector para derramar ingresos en comunidades que no acceden a otras actividades productivas. Barrenechea contrastó el impacto del turismo con el de las industrias extractivas que hoy avanzan en la región cordillerana: “La minería y los hidrocarburos concentran gran parte de la riqueza en el lugar de extracción, mientras que el turismo la distribuye entre miles de personas”. La especialista remarcó la importancia de utilizar los recursos transitorios para consolidar infraestructura permanente:
“El legado turístico no puede depender de la buena voluntad de una empresa: debe formar parte de las reglas del juego desde el primer día”.
En Neuquén, los planificadores estatales intentan anticiparse al escenario del mediano plazo mediante el diseño de infraestructura financiada por el gas y el petróleo de Vaca Muerta. El director de NeuquénTur, Gustavo Fernández Capiet, detalló la estrategia provincial para asegurar la sustentabilidad económica de la región: “El turismo pasará a ser la principal actividad de Neuquén, junto a la producción, las energías limpias y las nuevas tecnologías. Para eso trabajamos”. El desafío del sector radica en lograr que la dirigencia política nacional asuma al turismo como una prioridad de desarrollo y construya una política de Estado que trascienda los ciclos electorales.
Fuente: La Nación