Hay especies que tienen la particularidad de aparecer más de una vez a lo largo del año y la burriqueta es una de ellas. La temporada 2026 ya tuvo su capítulo inicial durante los primeros meses, con interesantes resultados en distintos sectores de la costa y registros concretos en zonas típicas de localidades costeras como Mar del Plata, Mar Chiquita y Villa Gesell.
Las capturas llamaron la atención no sólo por la cantidad, sino también por la calidad y porque -cuando las condiciones acompañan- el pez se muestra activo y dispuesto a tomar la carnada.
Con el cambio de estación y la llegada de la primavera, la situación se repitió. Y aunque no se trata de una pesca totalmente instalada y pareja, lo acontecido hasta aquí resulta ser alentador y permite mirar con buenas expectativas lo que pueda suceder en adelante. El entusiasmo crece entre la masa de pescadores porque este tradicional segundo capítulo suele ser el más interesante por continuidad y regularidad, la especie de muestra esparcida en los sectores que comparten el mismo fondo marino y el pique se intensifica.
Lectura del agua Claro que la cuestión climática y la distribución geográfica serán determinantes. Allí es donde el pescador deberá agudizar los sentidos en pos de no errar con la lectura de la playa. No siempre el mejor lugar es el que permite realizar el lanzamiento más largo (muchas veces sucede exactamente lo contrario), porque la burriqueta puede encontrarse trabajando sobre sectores relativamente cercanos. La clave pasa entonces por aprovechar canaletas, pozones, cortes y zonas donde el movimiento del agua concentra el alimento.
La rompiente tiene mucho para decir. Para los más entendidos, es el lugar por excelencia y, en rigor de verdad, tienen un punto: a través del tiempo las mejores pescas se realizan allí, en presencia de un banco de arena y con un mar algo revuelto. “En la olita”, no se cansan de repetir muchos. Una correcta lectura puede ahorrar muchos lances innecesarios y es importante entender que la playa no es estática, porque el movimiento del mar modifica permanentemente el fondo. Cuando la pesca no aparece, la solución no está en cambiar el equipo y la carnada, sino en variar la posición.
Técnicas y equipos No se trata para nada de una pesca sofisticada ni mucho menos. Con una caña de costa que permita manejar cómodamente el aparejo y realizar lanzamientos precisos, acompañada por un equipo equilibrado, alcanza para disfrutarla perfectamente. Sí resulta central tener en cuenta que, al pescarla en un sector de constante movimiento de agua, ola y espuma, la plomada puede marcar la diferencia. Hay quienes optan por anclar con alambres, pero otros prefieren con aletas, tipo pera acanalada o satélite, que sostienen pero permiten un movimiento esporádico.
La presentación de la carnada también cumple su rol. Tal y como ocurre en toda pesca costera, una carnada fresca, bien armada y correctamente presentada, siempre suma. Y es por eso que cuando se encuentra el sector donde la especie está picando, mantener una presentación prolija, con la muerte del anzuelo descubierta, es la llave del éxito. No siempre se trata de piques voraces y la mayoría vienen enganchadas del labio. Y si bien suelen ser de un porte menor y su pelea no tan física, su extracción dibuja una sonrisa automática. De más está decir el significado gastronómico que tiene: su carne es exquisita, posiblemente una de las más ricas de todo nuestro mar.
El camarón o el langostino chico son las opciones más rendidoras, generalmente presentados con una tirita de magrú, que ayuda a darle consistencia y atractivo al conjunto. También puede funcionar un filet de anchoíta armado en sanguchito, una alternativa que a veces da la sorpresa. La línea de pesca es muy sencilla. Una madre de 0,60 mm, de la que bajan tres brazoladas de 50 o 60 cm de nylon 0,45-0,50 mm (la última rastrera, debajo del plomo) con anzuelos que pueden variar del 2 al 1/0. Si el mar está demasiado tranquilo, la utilización de una boya elevadora aumenta el movimiento.
Lo que viene Al cierre de esta edición de Weekend se registraron las mejores pescas en zonas puntuales: los frentes de piedra hacia el norte de Mar del Plata, o las últimas escolleras de Santa Clara del Mar, justo en su límite con Camet Norte, mostraron excelentes resultados. Y desde la playa, Mar de Cobo y la propia Mar Chiquita venían ofreciendo posibilidades. Ni qué hablar de los imponentes fondos de arena en las enormes playas de Villa Gesell, con capturas de burriquetas chicas, medianas y grandes.
Los registros de esta segunda etapa son –en ese sentido– una señal positiva. Habrá que ver cómo evoluciona el pique durante las próximas semanas, pero este octubre pinta bien, aunque seguramente tendrá sus altibajos y habrá jornadas en las que la pesca se presente más difícil. La experiencia y la previa auguran que esta segunda etapa de la burriqueta será más pareja y sostenida que aquella primera aparición del año. Y abre, para el pescador de costa, una interesante alternativa porque la burriqueta volvió a pedir pista. Entonces se trata, como siempre pasa al fin, de saber encontrarla.
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