Al menos seis lunas del sistema solar podrían esconder grandes océanos de agua líquida bajo sus superficies congeladas. Europa, Ganímedes, Calisto, Encélado, Titán y Mimas concentran las evidencias más importantes, mientras que Tritón y varios satélites de Urano permanecen bajo estudio como posibles incorporaciones a una lista que continúa creciendo.
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El hallazgo cambió la forma de buscar ambientes potencialmente habitables fuera de la Tierra. Durante décadas, la atención estuvo centrada en planetas ubicados a una distancia del Sol que permitiera conservar agua líquida en la superficie, pero ahora algunos de los lugares más prometedores se encuentran en regiones extremadamente frías y alejadas.
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Ninguno de estos océanos fue fotografiado de manera directa. Su existencia se infiere mediante señales magnéticas, mediciones gravitacionales, variaciones orbitales, movimientos en la rotación, fracturas geológicas y análisis químicos. La solidez de las pruebas varía entre cada luna: mientras Encélado expulsa materiales de su interior al espacio, el océano de Calisto se deduce principalmente a partir de mediciones magnéticas y modelos internos.
Qué son los mundos oceánicos y cómo conservan agua líquida
La NASA utiliza la expresión “mundo oceánico” para describir un cuerpo celeste que posee una reserva considerable de líquido en la actualidad. El agua no necesita estar expuesta en la superficie ni tener la misma composición que los mares terrestres: puede contener sales, amoníaco u otros compuestos y encontrarse cubierta por decenas o cientos de kilómetros de hielo.
Las fuerzas gravitacionales ejercidas por los planetas gigantes pueden comprimir y estirar el interior de sus lunas, un proceso conocido como calentamiento por mareas. A esa fuente de energía se suman la desintegración de elementos radiactivos y la presencia de sales o amoníaco, sustancias capaces de reducir el punto de congelación y ayudar a mantener el agua en estado líquido.
Europa, Ganímedes y Calisto: los océanos ocultos de Júpiter
Europa presenta uno de los casos más estudiados. Su superficie joven, atravesada por líneas y fracturas, junto con su respuesta al campo magnético de Júpiter, respalda la existencia de un océano global salado bajo la corteza. Según la NASA, podría contener más del doble del agua reunida en todos los océanos terrestres y posiblemente estar en contacto con un fondo rocoso.
Ese contacto entre el agua y las rocas resulta relevante para la habitabilidad porque podría generar intercambios químicos y fuentes de energía. No existen pruebas de organismos en Europa, pero los científicos consideran que la luna podría reunir agua, elementos químicos esenciales y energía, tres componentes fundamentales para la vida tal como se conoce en la Tierra.
Ganímedes, la luna más grande del sistema solar, también posee fuertes indicios de un océano salado. Es el único satélite natural conocido con campo magnético propio y las variaciones observadas en sus auroras reforzaron la hipótesis de una reserva subterránea. Los modelos sugieren que su interior podría estar formado por varias capas alternadas de agua y hielos sometidos a enormes presiones.
En Calisto, la evidencia es menos concluyente. La sonda Galileo detectó un campo magnético variable compatible con corrientes eléctricas generadas dentro de una capa líquida y salada. Su océano podría encontrarse debajo de una corteza de hielo de unos 200 kilómetros de espesor, aunque su superficie antigua y cubierta de cráteres presenta pocas señales de actividad geológica reciente.
Encélado, Titán y Mimas: los mundos oceánicos de Saturno
Encélado ofrece el acceso más directo a un océano extraterrestre. La misión Cassini atravesó los géiseres que emergen de fracturas cercanas a su polo sur y detectó agua, partículas de hielo salado, compuestos orgánicos, hidrógeno molecular y fosfatos. También halló granos de sílice compatibles con procesos hidrotermales, aunque ninguna de estas evidencias confirma por sí sola la existencia de vida.
Titán presenta dos ambientes líquidos diferentes. Su superficie contiene lagos, ríos y mares compuestos principalmente por metano y etano, mientras que las mediciones gravitacionales y de rotación respaldan la presencia de un océano profundo de agua, sales y posiblemente amoníaco. La NASA estima que esa reserva podría comenzar aproximadamente 50 kilómetros debajo de la corteza helada.
El caso más inesperado es Mimas, una pequeña luna de Saturno cubierta de cráteres y sin géiseres ni grandes fracturas visibles. Un estudio dirigido por Valéry Lainey y publicado en 2024 en la revista Nature reanalizó datos orbitales de Cassini y concluyó que podría esconder un océano global a una profundidad de entre 20 y 30 kilómetros.
Los modelos indican que el océano de Mimas tendría menos de 25 millones de años y todavía estaría evolucionando. Su formación geológicamente reciente podría explicar por qué la superficie no presenta marcas evidentes de actividad interna. Sin embargo, se trata de una inferencia construida mediante mediciones y simulaciones, no de una detección directa o una muestra de agua.
Otros candidatos mantienen abierta la posibilidad de nuevos descubrimientos. Tritón, la mayor luna de Neptuno, posee géiseres de nitrógeno y una superficie joven observada por Voyager 2 en 1989, pero su posible océano continúa sin confirmarse. Por otra parte, modelos elaborados con datos de esa misma misión sugieren que Ariel, Umbriel, Titania y Oberón, cuatro lunas de Urano, podrían conservar capas de agua salada bajo el hielo.
Las próximas respuestas llegarán desde Júpiter. Europa Clipper, lanzada por la NASA en octubre de 2024, tiene previsto arribar en abril de 2030 y efectuar 49 sobrevuelos de Europa para estudiar su hielo, composición, gravedad y entorno magnético. La misión Juice, de la Agencia Espacial Europea, llegará en julio de 2031 para observar Europa, Calisto y Ganímedes antes de ingresar en órbita alrededor de esta última. Ninguna fue diseñada para detectar vida directamente, pero sus datos permitirán establecer dónde se encuentra el agua, qué profundidad alcanza y si existe intercambio de materiales entre los océanos, el hielo y la superficie.
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