Georgieva llega a Buenos Aires para evaluar si Argentina puede dejar atrás al FMI

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Georgieva llega a Buenos Aires para evaluar si Argentina puede dejar atrás al FMI

Ocho años, tres acuerdos y US$57.000 millones después de la última visita de un líder del FMI a Argentina, Kristalina Georgieva llega este lunes a Buenos Aires para comprobar de primera mano la reactivación económica impulsada por el presidente Javier Milei.

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Las cosas han cambiado para mejor entre el Fondo Monetario Internacional y su mayor deudor. Sin embargo, la verdadera prueba —el reembolso— está a punto de comenzar, lo que plantea la duda de si el FMI podrá algún día desvincularse de Argentina, o viceversa, y de si Georgieva logrará convertir una debacle en un gran éxito.

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Su visita a Milei se produce en un momento especialmente favorable para su gobierno, y su primer viaje al país como directora gerente del FMI es una muestra de ello. Los bonos argentinos están en alza, la inflación ha retrocedido y el banco central está reconstruyendo las reservas necesarias para reembolsar al FMI. La economía crece, aunque de manera desigual, y Georgieva podrá comprobar de primera mano el mayor éxito de Argentina: un auge petrolero en la Patagonia que atrae miles de millones de dólares en inversiones.

Kristalina Giorgieva FMI 27072026

“El gobierno de Milei ha logrado avances enormes”, dijo Martin Mühleisen, exfuncionario del Fondo e investigador principal del Atlantic Council. “Ahora existe, al menos, la posibilidad de que Argentina pueda, con el tiempo, saldar su enorme deuda con el FMI”.

La visita de Georgieva habría sido difícil de imaginar hace apenas tres años, cuando el personal del FMI percibía una “crisis en toda regla” en el periodo previo a las elecciones presidenciales de Argentina, con una inflación superior al 100% y una profunda recesión en marcha. Tras 23 programas en casi 70 años, el FMI sigue siendo objeto de críticas en Argentina, donde muchos lo consideran el chivo expiatorio de las crisis del país en las que la institución ha estado involucrada.

Georgieva heredó la deuda de Argentina con el FMI al asumir el cargo en 2019, después de que su predecesora, Christine Lagarde, no lograra rescatar al gobierno anterior con un programa de asistencia el año previo y pasara a dirigir el Banco Central Europeo. Un acuerdo posterior, firmado en 2022 para refinanciar ese programa, terminó siendo aún menos exitoso a medida que la crisis se profundizaba. Milei cerró un nuevo acuerdo con el FMI en abril de 2025.

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En septiembre, Argentina comenzará a devolver el capital de la deuda, lo que elevará los pagos, incluidos los intereses, a US$3.000 millones durante el resto de 2026. Esa cifra se duplicará con creces el próximo año, y el siguiente gobierno deberá desembolsar al menos US$9.500 millones anuales entre 2028 y 2031, según el FMI. Por ahora, los pagos están programados hasta 2042, y el gobierno asegura que no tiene previsto refinanciar la deuda, al menos el próximo año, cuando concluya el actual mandato de Milei.

Antiguos funcionarios del FMI afirman que prácticamente todo debe salir bien para Milei si quiere poner fin, algún día, a la dependencia de Argentina del organismo.

“Si Argentina consigue reunir los dólares necesarios para pagar al FMI, a los tenedores de bonos y a otros acreedores, y si Milei logra imponerse en las elecciones del próximo año, se romperá el ciclo”, afirmó Douglas Rediker, exrepresentante de EE.UU. ante el FMI. “Si alguno de esos factores falla, el país necesitará mayor flexibilidad por parte del FMI, incluido un nuevo programa que permita pagar los anteriores; incurrirá en un impago con otros acreedores; o recurrirá al tipo de ingeniería financiera que Milei prometió erradicar al llegar al poder”.

El presidente Javier Milei 27072026

El elemento que aún falta es el regreso de Argentina a los mercados internacionales, un paso que Georgieva desea y que Milei, por ahora, evita. Volver a los mercados ayudaría a garantizar que el FMI recupere su dinero y permitiría reemplazar una estrategia de financiamiento fragmentada, basada en el mercado local argentino, que ha funcionado hasta ahora, pero cuya sostenibilidad se pone en duda ante el fuerte aumento de los pagos previstos para los próximos años.

Milei ha evitado acudir a Wall Street porque considera que las primas que pagan los bonos argentinos reflejan más el temor de los inversores a un posible giro político tras las elecciones del próximo año que los avances logrados por su gobierno.

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El escepticismo de los inversores sobre la continuidad del rumbo económico en Argentina tiene fundamento. Desde el primer acuerdo con el FMI en 2018, el país ha tenido tres presidentes, seis ministros de Economía y cinco presidentes del banco central. Durante gran parte de ese período, la economía permaneció en recesión y la inflación, hoy en el 34%, llegó a rozar el 300% poco después de que Milei asumiera la presidencia.

Aunque Milei y Georgieva han mostrado respaldo mutuo en público, la relación no siempre ha sido fluida. Milei criticó duramente a Rodrigo Valdés, funcionario del FMI designado por Georgieva, hasta que este dejó de participar en las negociaciones. Georgieva también tuvo que retractarse el año pasado de unas declaraciones realizadas antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato, cuando pidió a los votantes que “no descarrilaran la voluntad de cambio”, comentarios que en Buenos Aires fueron interpretados como una injerencia electoral.

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En esta ocasión, Georgieva evita involucrarse en la política argentina al visitar el país con más de un año de antelación a las elecciones presidenciales de 2027. El FMI, además, ha dejado de ser un blanco fácil desde que Milei convirtió la motosierra en el símbolo de su programa de austeridad, revirtiendo la percepción de que era el organismo el que obligaba a los gobiernos argentinos a aplicar recortes del gasto.

Pese a los avances logrados hasta ahora, sigue siendo incierto si el programa acordado por Milei será el último de Argentina con el FMI.

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“Puede que el país esté empezando a romper el ciclo”, afirmó Kezia McKeague, directora general de la consultora McLarty Associates, con sede en Washington. “Pero todavía no ha logrado salir de él”.

GZ

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