Fantástico Michael Jackson

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Fantástico Michael Jackson

Al ver el afiche en abril, me convencí de que Michael, dirigida por Antoine Fuqua, iba a estar buenísima. Error. No llegué al cine, cosa que hubiese mejorado la experiencia porque según un amigo, al menos la función a la que él fue donde el baile y el canto colectivos surgieron espontáneamente, fue una fiesta, evento que ayuda a moderar las críticas. En solitario ante el monitor de la PC, el efecto es diferente. No me atrajeron los actores y creo que el tema daba para hacer experimentos más arriesgados con la cámara y la fotografía. Pero el peor error fue haber desaprovechado la oportunidad de poner en pantalla el trabajo obsesivo del que tan merecido tiene el mote de Rey del Pop, cuyo legado, aunque a primera vista pueda parecer lo contrario, no fungió tanto entre quienes vendrían a ocupar su lugar. En general, buscar un equivalente contemporáneo a Off the wall o Thriller es una empresa tan peliaguda como dar con estrellas igual de singulares o icónicas.

Aunque acierte en no pasar por alto la influencia de Disney, J.M. Barrie, James Brown o Fred Astaire, a Fuqua lo liquida el vicio del lavado de cara e hizo que casi todo vaya por atenuar o revertir las polémicas que ya conocemos. Como si el póster de Michael fuese capaz de transmitir su verdadera magia, depura al personaje llevándose puesto lo malo y lo bueno. Es increíble la persistencia de esta maniobra en las biopics norteamericanas, se viene ejecutando desde hace décadas, a veces a caballo de la propaganda pura y dura, a veces por falta de imaginación, a veces, como en este caso, por tratar de contrapesar aquello que se omitió, evocándolo de rebote. En vez inmiscuirse con algún rigor en la cocina de una trayectoria cuyo impacto delineó el gusto de varias generaciones, Fuqua prefirió insistir con el menos rutilante factor humano, a costa de escenas en modo clip donde Michael visita a nenes enfermos en hospitales o se refugia de la violencia paterna leyendo una edición ilustrada de Peter Pan junto a su monito. Centrada en los años que van de Jackson Five a la salida de Bad, tendrá una secuela que contra toda lógica veré. Voy a convencerme de que esta vez el foco estará puesto en honrar ni más ni menos que, dicho en criollo, el arte del artista y explicará algo sobre su relevancia casi inimitable. Quizás la firmeza en abdicar del realismo responda a que se trata de un tipo cuya condición, incluso para quienes nunca apreciaron su genio y figura, es un poco la de ser de otro mundo, un extraterrestre, alguien que pertenece al género fantástico.

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