El Niño de este año —un fenómeno natural recurrente que altera el clima en todo el mundo— ha dejado resecos muchos de los campos de caña de azúcar del país, apenas un año después de que fueran empapados por el exceso de lluvias y devorados por las plagas.
Han estallado protestas por el aumento de los precios. El gobierno ha advertido a los comerciantes de azúcar que no acaparen el producto. Y un país que normalmente exporta azúcar ha tomado la medida extraordinaria de permitir las importaciones este año, lo que ha elevado aún más los precios mundiales del azúcar.
“Este cultivo se ha perdido”, dijo Morarji Patil, un agricultor de 30 años. Se encontraba junto a su campo de caña una calurosa mañana de septiembre en la región de Marathwada, en el oeste de India.
Como otros agricultores de la zona, Patil ya estaba agobiado por las deudas y los altos precios de los fertilizantes antes de que llegaran el calor abrasador y la escasez de lluvias. Sus tallos de caña eran delgados y cortos, atrofiados por la falta de agua durante el verano, justo cuando más la necesitaban. Patil esperaba una cosecha 70 por ciento menor de lo habitual.
El banco le embargó el tractor por falta de pago de los préstamos. Sus vecinos presenciaron lo ocurrido. Patil ingirió insecticida para intentar quitarse la vida, pero su familia logró rescatarlo y llevarlo de urgencia al hospital.
“Me sentí abrumado”, dijo. Luego vinieron las facturas médicas. Para pagarlas, pidió prestado más dinero.
India representa una lección práctica sobre el gran alcance de los efectos del conflicto bélico y el clima extremo en la economía de una nación. Los precios de los alimentos suben mes a mes. Cultivos clave siguen en riesgo a medida que la larga estela de El Niño se prolonga hasta el próximo año, aumentando la probabilidad de sequías e inundaciones extremas. Además de eso, India es extremadamente vulnerable a los problemas en el suministro de petróleo mundial. El país importa la gran mayoría de su petróleo crudo.
“Los costos no dejan de acumularse”, dijo Lavanya Venkateswaran, una economista en el banco OCBC, con sede en Singapur, quien concluyó en un informe reciente que El Niño podría golpear a India con particular dureza. “Hay tantas presiones ahora, que cabe preguntarse: ¿qué tan resilientes pueden ser realmente las cadenas de suministro?”.
No es solo India. El calor y la sequía extraordinarios de este año han afectado a la caña de azúcar en Brasil, el mayor productor de azúcar del mundo, y a la remolacha azucarera en Europa. Los precios mundiales del azúcar son casi un 15% más altos que hace un año, dijo este mes la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.
El azúcar como combustible En India, el azúcar ha gozado durante mucho tiempo del apoyo estatal, lo que incluye precios garantizados para los agricultores y, hasta este año, elevados impuestos de importación. Más recientemente, la industria se benefició de una directiva del gobierno que estableció las mezclas de gasolina con 20% de etanol como combustible estándar en las gasolineras del país. El gobierno dijo que su impulso a los biocombustibles redujo la demanda de petróleo y la contaminación climática, al tiempo que permitió ahorrar preciadas divisas al país. Llamó a las mezclas de etanol “un pilar fundamental de la transición energética de India”.
Ofreció a las refinerías de azúcar una fuente adicional de ingresos.
También enfureció a los conductores indios.
Ellos se quejaron de que el etanol reduce el rendimiento del combustible y daña los vehículos, en especial los más antiguos con motores que no son compatibles con una mezcla de combustible que contenga un 20 por ciento de etanol.
Mientras cargaba combustible en una gasolinera de la cercana ciudad de Latur para su motocicleta Hero modelo 2018, Aditya Kare, de 21 años, comentó que la mezcla de etanol había reducido su rendimiento promedio de 60 kilómetros por litro a alrededor de 45, y que le estaba costando arreglárselas con las 100 rupias (poco más de 1 dólar) que sus padres le daban para su trayecto a la universidad. “En casa, estamos planeando comprar una moto eléctrica”, dijo.
En un intento por mitigar el descontento del público, funcionarios del gobierno dijeron en un comunicado en julio que no había pruebas de un “patrón generalizado de fallas en los motores”, aunque reconocieron que había un impacto “pequeño” en la eficiencia.
Los altos precios del azúcar están obligando al país a depender más del maíz y el arroz para producir etanol. Esos cultivos también están afectados por el calor y la sequía, tanto por el cambio climático como por el fenómeno El Niño de este año. Para finales de septiembre, mientras el monzón retrocedía, aproximadamente la mitad de India se encontraba en condiciones que iban de anormalmente secas a sequía excepcional, según el Monitor de Sequía de India, un sitio de monitoreo independiente dirigido por académicos.
El atractivo del azúcar Si uno conduce por Marathwada, donde cultiva Patil, pasará junto a hileras de caña de azúcar sembradas entre soya, algodón y, cada vez más, elevadas turbinas blancas que extraen energía del viento.
La caña de azúcar conlleva un alto costo. Necesita mucha agua y la demanda de este cultivo, tanto para producir alimentos como combustible, está obligando a muchos agricultores a perforar pozos cada vez más profundos y agotar los acuíferos locales.
El pozo de Patil es de alrededor de 245 metros. Este año, incluso a esa profundidad, no hay agua.
Una represa en el río Manjara se ha convertido en una zanja seca. Los estanques están vacíos.
“Este entorno no es bueno para la caña de azúcar”, dijo Ganesh Gomare, un agricultor. “Pero la economía de Marathwada depende de la caña de azúcar”.
El azúcar resulta tentadora porque deja ganancias relativamente altas y hay ingenios azucareros cerca. Por eso, Ganesh Gomare, de 38 años, destinó una mayor parte de sus tierras al cultivo de caña de azúcar este año.
Resultó contraproducente: ahora espera obtener apenas la mitad de la cosecha habitual.
Cerca de allí, Dagdu Venkat Rao Padile, de 66 años, arrancó de raíz un tallo de caña de azúcar de su campo. Los nudos eran mucho más cortos de lo que deberían ser a solo unas semanas de la cosecha. La planta estaba raquítica; su contenido de azúcar sería insignificante. “Me va a costar más cortarla que lo que obtendré por ella”, dijo Padile.
Calculó que su cosecha sería apenas una cuarta parte de lo habitual. Las lluvias fueron tan escasas que dejó la mayor parte de sus tierras sin cultivar.
Manoj Shembade Patil estaba en peores aprietos. Él había empeñado el oro de su esposa para plantar caña de azúcar este año. Para agosto, la había arrancado y pedido prestado más dinero para sembrar soya. A mediados de septiembre, la tierra estaba tan seca como el polvo. “Si no hay lluvia en los próximos cuatro días, esto también morirá”, dijo.
Tenía pocas esperanzas de recuperar el oro de su esposa.
Temporada de dulces Ante el pánico generado por el aumento de los precios del azúcar, la Federación Nacional de Fábricas Cooperativas de Azúcar recientemente advirtió contra “las compras de pánico o el almacenamiento excesivo”. Aún había mucha azúcar en India, dijo.
Eso servía de poco consuelo para los clientes que hacían fila en Gurukrupa Farsan Mart, en Chhatrapati Sambhajinagar, la ciudad antes conocida como Aurangabad, un viernes reciente por la noche. Todos los productos de los estantes habían subido de precio un 10 por ciento, desde los pequeños modaks, parecidos a dumplings, hasta los laddoos, unas bolitas mantecosas muy populares durante la temporada de festividades hindúes. Los clientes compraban menos de todo, dijo Ganpath Mhaske, gerente de la tienda.
“Los precios de los alimentos y el combustible también han subido. Tienen que elegir en qué gastar”, dijo.
Tanisha Gaikwad prácticamente había eliminado el azúcar de su dieta, pero se unió a la fila en la dulcería para comprar una pequeña caja de laddoos para ofrecer en el altar a Mahalaxmi, una diosa de la riqueza y el poder. A sus oraciones, dijo, no les podía faltar el azúcar.
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