En la previa de la final, una camiseta de Pelé fue la gran atracción

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En la previa de la final, una camiseta de Pelé fue la gran atracción

En vísperas de la final del reciente Mundial en el estadio Met Life, en New Jersey, Sotheby’s Nueva York mantuvo su temporada de subastas. Una de las sesiones se denominó Beautiful Game y lo más saliente fue la venta de la camiseta que Pelé utilizó en la final de Suecia, en 1958: salió por 4,6 millones de dólares.

La subasta también reunió decenas de recuerdos históricos del fútbol. Sin embargo, la mayoría de los artículos coleccionables se vendieron por debajo de las estimaciones iniciales, incluidos varios objetos históricos del propio Pelé. Entre los objetos más destacados figuró el brazalete de capitán que Diego Maradona utilizó en el Mundial de México 1986, vendido por 512.000 dólares. Asimismo, varias camisetas de Lionel Messi con el Barcelona superaron los 100.000 dólares, incluyendo la de la remontada en la Champions del 2017 contra el PSG y la del día de su primer gol en 2006.

La remera de Pelé de la final del 58, indudablemente valiosa, igual no alcanzó las cifras que hasta ahora son récord en este rubro. Por ejemplo, la remera que el legendario beisbolista Babe Ruth utilizó en las Series Mundiales de 1932 salió en una subasta por 24,1 millones de dólares. Y la que lució Michael Jordan al ganar la NBA en 1998 con los Chicago Bulls fue subastada en US$10,4 millones. El fútbol todavía no alcanza en Estados Unidos los niveles económicos de aquellos deportes, pero la legendaria remera de Maradona en el 2-1 sobre Inglaterra en el Mundial del 86 fue subastada en la casa Bonhams por US$ 9,2 millones.

El propio Pelé —muerto en diciembre de 2022— había colocado seis años antes en subastas las réplicas de sus premios, pero salieron en cifras más bajas. Aquel mundial de Suecia 58 había marcado el despegue de la carrera de Pelé —se mantendría por doce temporadas como el mejor futbolista del mundo— y del ciclo de Brasil, hasta ahora el país con mayor cantidad de títulos (cinco).

Edson Arantes do Nascimento, oriundo del estado de Minas Gerais, tenía apenas 17 años cuando se convirtió en la estrella de aquel mundial y sorprendente líder de la lujosa formación brasileña.

Lo que sucedió antes de la final del 28 de junio de 1958 en el estadio Rasunda, en Estocolmo, es que Brasil y Suecia, por tener remeras de colores similares, debían acordar un cambio: uno de los dos equipos debía modificarla. No hubo acuerdo entre los dirigentes, fueron a sorteo y ganó Suecia. Por lo tanto, Brasil tenía que optar entre usar una remera blanca, verde o azul.

El blanco fue descartado porque lo consideraban un símbolo del “Maracanazo” del 50, cuando Uruguay les ganó 2-1 en el partido decisivo y les arrebató un título que parecía seguro. Optaron por el azul, principalmente por ser un plantel de fervor religioso y porque es el color del manto de nuestra Señora de Aparecida, la patrona de los católicos brasileños.

El plantel disponía de un conjunto de camisetas azules, pero las habían usado en los entrenamientos. Entonces, encontraron una tienda cerca del hotel donde se alojaban y consiguieron otro conjunto de remeras azules, que llevaban la inscripción de “Made in Sweden”. Los asistentes trabajaron contrarreloj para ajustar esas remeras y colocarles los números de cada jugador.

Hay una anécdota muy conocida de Carlos Salvador Bilardo, donde explica que “el fútbol es muy fácil. Tenés que entrar a la cancha y pasarle la pelota a los que tienen la camiseta del mismo color que la tuya”. Cuando los brasileños ingresaron al campo, durante los primeros minutos, sintieron alguna confusión: el color amarillo… era de los suecos. Hubo algún pase errado, Nils Liedholm puso en ventaja a los suecos, pero luego Brasil encarriló las cosas: dos goles de Vavá, otro de Zagalo y dos más de Pelé quien, con sus 17 años, se convirtió en el más joven futbolista en marcar en una final, récord que mantiene hasta nuestros días.

Brasil fue un gran campeón en el 58 y —cuatro años más tarde— mantuvo su título en Chile, aunque allí Pelé no fue protagonista, ya que un desgarro lo dejó afuera desde el segundo partido, contra los checos. Lo reemplazó Amarildo, de gran labor, y la estrella fue Garrincha. Desde entonces, ningún país pudo ganar dos veces seguidas un mundial de fútbol.

En Suecia, Brasil tuvo una actuación contundente también en los tramos decisivos. En semifinales aplastó a Francia por 5 a 2 (tres goles de O’Rei), un equipo que incluía a figuras como Raymond Kopa y Just Fontaine, autor de 13 tantos a lo largo del torneo, una cifra que nadie ha podido emular hasta hoy en un mismo mundial. Y también fue 5-2 el marcador de la final contra los suecos.

Sin embargo, Pelé no era uno de los titulares al llegar a Suecia, tampoco Garrincha. El DT Vicente Feola, con un espíritu más conservador, apostaba a los veteranos. Y fueron justamente estos, como Nilton Santos, los que exigieron colocar a Pelé y Garrincha en la formación. “Voy hacer lo que ustedes piden: porque si ganamos o perdemos ustedes van a quedar como responsables”, aceptó el DT.

Ahora Sotheby’s hizo volver aquella historia a los instantes en que Pier Paolo Pasolini definió así: “En el momento en que el balón llegó a los pies de Pelé, el fútbol se transformó en poesía”. Mucho más adelante, Maradona y Messi heredarían esa magia…

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