El panorama del fútbol internacional en la década de 1960 mantenía una marcada hegemonía entre los seleccionados europeos y sudamericanos. La llegada del conjunto de Corea del Norte a la Copa del Mundo de Inglaterra 1966 representaba una incógnita absoluta para los analistas y la prensa de la época.
La clasificación del equipo dirigido por Myung Rye-hyun se concretó tras vencer de manera contundente a Australia en una serie disputada en Camboya. Aquel logro inicial generó sorpresa, pero pocos imaginaban que este plantel militarizado y disciplinado pondría en aprietos a las potencias de Occidente.
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El debut en el Grupo 4 frente a la Unión Soviética expuso la aparente disparidad física, resultando en una derrota previsible por tres goles a cero. Sin embargo, el cuerpo técnico norcoreano capitalizó los errores iniciales para ajustar un sistema de juego basado en la velocidad extrema.
El segundo encuentro ante Chile marcó el punto de inflexión definitivo para la delegación asiática en el Estadio Ayresome Park de Middlesbrough. Un gol agónico del mediocampista Pak Seung-zin selló un empate uno a uno que mantuvo vivas las esperanzas de una clasificación histórica a cuartos.

La prensa británica comenzó a mirar con asombro la resistencia física y la coordinación colectiva de un plantel sin figuras individuales. El historiador Brian Glanville describió en su obra The Story of the World Cup cómo estos futbolistas suplían la falta de altura con un despliegue incesante.
La histórica eliminación de Italia y la resistencia en cuartos de final
El 19 de julio de 1966 quedó registrado como una de las jornadas más impactantes de la competencia, al enfrentarse la poderosa Italia contra el debutante. El favoritismo de la escuadra azzurra colapsó ante la presión asfixiante y la disciplina táctica impuesta por el esquema de Myung Rye-hyun.
Un violento remate cruzado del delantero Pak Doo-ik a los 42 minutos del primer tiempo batió al arquero Enrico Albertosi, desatando la sorpresa mundial. La solidez defensiva norcoreana sostuvo la ventaja mínima hasta el pitazo final, consumando una victoria que eliminó al gigante europeo.
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El regreso de la delegación italiana a la península estuvo marcado por el repudio generalizado y agresiones con hortalizas por parte de su afición. En contraste, el público de Middlesbrough adoptó al humilde conjunto asiático, acompañándolo masivamente hacia la siguiente fase en Liverpool.
El cruce de cuartos de final ante Portugal en el estadio Goodison Park profundizó la leyenda de este equipo durante los primeros veinticinco minutos. Una ráfaga de efectividad asombrosa posicionó a Corea del Norte en una ventaja impensada de tres goles a cero sobre los lusos.

La jerarquía individual de Eusébio, autor de cuatro tantos, terminó con el sueño norcoreano en un partido cambiante que finalizó cinco a tres. A pesar de la eliminación, los asiáticos se despidieron ovacionados por un estadio que reconoció su audacia y entrega competitiva.
La proeza modificó la consideración de la FIFA respecto a los cupos otorgados a los continentes que eran considerados periféricos en ese entonces. El rendimiento de este plantel demostró que el orden colectivo y la preparación física podían equiparar la brecha con las potencias tradicionales.