Confirmado: el Mundial se globalizó

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Confirmado: el Mundial se globalizó

España salió campeón del mundo sin un solo jugador del Real Madrid en su plantel. Habría que revisar los anales de España para ver cuántas veces un plantel mundialista no tiene a nadie del Madrid.

Probablemente no haya pasado nunca antes. Sin embargo, fue el equipo que más goleadores aportó al mundial, es decir, goles marcados por futbolistas que juegan allí. Veamos: Mbapeé, 10 goles en 8 partidos para Francia, goleador del Mundial. Bellingham, 7 goles en 8 partidos para Inglaterra, puesto 4 entre los goleadores del Mundial. Y Vinicius Júniors, para Brasil, 4 goles en 5 partidos. En total, 21 goles del Real Madrid en el Mundial. El equipo más goleador de la Copa 2026.

¿Cómo podríamos llamar a este fenómeno? Nombrémoslo, globalización. Desde la década de los 90, cuando apareció la globalización, en el fútbol y mucho más allá del fútbol, quedó claro que era una fenómeno socioeconómico que favorecía a los más fuertes.

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La globalización. La globalización marcó la expansión de las potencias, y el surgimiento de nuevos mercados con capacidad para abastecerlas. En los 90, la globalización estaba asociada a la utopía del fin de la historia (que no era más que el fin de la historia de la izquierda) que, en realidad, marcaba el triunfo del modelo y la hegemonía norteamericana. En el fútbol, la potencia no era Estados Unidos, sino los grandes equipos europeos, y la globalización implicó su expansión global. Por dar un ejemplo, equipos chicos, muy chicos, como el Manchester City, pasaron a ser potencias futbolísticas de primer orden. Globalización es también el nombre del dinero rey.

Pero esa globalización a la norteamericana de los 90 mutó, décadas después, en también el auge de China, y, en menor medida, de India. El Mundial del 2026 en Estados Unidos, por sus formas, sus intereses, su estética, terminó siendo un acontecimiento tardío de los 90. Una expresión de la globalización de hace décadas.

No me cabe duda de que la FIFA debe estar pensando de qué modo se incorpora a China y a la India en el asunto. Es cierto que Infantino es amigo (¿o empleado? ¿O socio?, qué se yo) de Trump. Y que China y la India no desarrollaron aún un mercado futbolístico. Eso es cierto. Pero hace 20 años las petromonarquías de Medio Oriente no aparecían en el mapa del fútbol y hoy, miles de millones de dólares después, ya organizaron un Mundial (en Qatar 2022, con Argentia campeón) y sus ligas no paran de crecer y de traer figuras, de Cristiano Ronaldo para abajo.

Messi eligió vivir a pocos kilómetros de Mar-a-Lago, la residencia de Trump, pero son muchos los que prefieren vivir en los countries de los alrededores de los palacios de los jeques árabes.

No hay por qué descartar que la FIFA se aggiorne a la globalización e intente un desarrollo cada vez mayor de China e India. Y no hay por qué descartar que esas selecciones menores (en términos de calidad futbolística) clasifiquen al próximo Mundial de 64 equipos, donde va a ser más difícil no clasificar que clasificar. No hace falta aclarar que los mundiales se han convertido en complejas cuestiones geopolítica.

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