Navegar el Pasaje de Drake, avanzar entre témpanos, desembarcar en Zodiac y caminar a pocos metros de colonias de pingüinos. La experiencia antártica combina aventura, contemplación y una dosis inevitable de incertidumbre. Desde Ushuaia, una compañía argentina lleva más de dos décadas navegando hacia el continente blanco. Hay viajes en los que el itinerario lo decide el pasajero. Y hay otros en los que manda la naturaleza. La Antártida pertenece definitivamente al segundo grupo.
Uno puede embarcar con un programa, una carta de navegación y una lista tentativa de lugares que espera conocer. Pero una vez atravesado el Canal Beagle y puesto rumbo al sur, aparecen otros protagonistas: el viento, el hielo, el oleaje y las condiciones meteorológicas. Quizás allí empiece la verdadera diferencia entre un crucero convencional y una expedición antártica.
Desde Ushuaia opera Antarpply Expeditions, empresa argentina miembro desde hace más de 20 años de la International Association of Antarctica Tour Operators (IAATO), la organización internacional que reúne a las compañías que realizan turismo privado en el continente bajo protocolos de seguridad y protección ambiental. IAATO contabilizaba en 2025 a 51 operadores plenos y cuatro provisionales.
Su barco emblemático es el Ushuaia, un buque polar originalmente construido para la agencia estadounidense NOAA y posteriormente adaptado para expediciones, con capacidad máxima para 90 pasajeros distribuidos en 46 cabinas y suites, cuenta con décadas de operación antartica. Tiene ocho Zodiacs y embarcaciones auxiliares, espacios de observación y una política de puente abierto que permite acercarse a la operación cotidiana de la navegación polar. Pero el barco es sólo el medio. El destino empieza mucho antes del primer desembarco.
Primero, hay que cruzar el Drake Para buena parte de los viajeros, el Pasaje de Drake constituye la primera gran historia que tendrán para contar al volver. Es la franja de océano que separa Sudamérica de la Península Antártica, famosa por sus condiciones cambiantes. Puede mostrarse sorprendentemente amable o recordar en pocas horas por qué tiene semejante reputación. A bordo, esos primeros días también cumplen otra función. El equipo de expedición introduce al viajero en la geografía, fauna, historia y normas ambientales del continente que está por visitar.
La ansiedad tiene un momento preciso de ruptura: la primera aparición de hielo. Puede ser un témpano lejano. Después otro. Hasta que el paisaje empieza a transformarse y las montañas, los glaciares y el mar pasan a formar parte de una misma escena. Ahí ya no quedan demasiadas dudas: se llegó a la Antártida. Pero bajar del barco cambia todo: la experiencia no consiste solamente en contemplar el continente desde cubierta. El corazón de una expedición son los desembarcos y navegaciones en Zodiac.
Estas pequeñas embarcaciones neumáticas que permiten acercarse a costas, canales, glaciares y lugares donde un buque de mayor porte no podría operar, desde Antarpply se intentan realizar hasta dos excursiones diarias, cuando las condiciones lo permiten, de alrededor de tres horas cada una. Porque cada jornada puede ser distinta: una mañana puede comenzar caminando entre nieve y roca cerca de una colonia de pingüinos. Algunas horas más tarde, el programa puede transformarse en una navegación entre icebergs o en la observación de una ballena desde el Zodiac. Y ésa es probablemente una de las claves del viaje: no todo puede programarse y la flexibilidad es parte de ello.
El clima puede obligar a cambiar un desembarco. El hielo puede cerrar una ruta y abrir otra. Una presencia inesperada de fauna puede modificar la actividad prevista. En la Antártida, cambiar de plan no necesariamente significa perder algo. Muchas veces significa descubrir otra cosa. Pingüinos, ballenas y una regla fundamental: observar. Durante el verano austral, la actividad animal es intensa. Las colonias de pingüinos, aves marinas, focas y distintas especies de cetáceos forman parte de la experiencia, aunque ningún encuentro con fauna puede garantizarse.
Las reglas de visita son estrictas. Los animales no deben ser alimentados ni tocados y existen protocolos de distancia, comportamiento y bioseguridad para reducir el impacto de los visitantes. Antarpply opera bajo las normas de IAATO y las regulaciones internacionales correspondientes para la navegación y las visitas en tierra. Hay una paradoja interesante: cuanto más extraordinario es el lugar, menos debería notarse que estuvimos allí.
¿Cómo es vivir varios días en un barco polar? Parte de la aventura también transcurre puertas adentro. El buque Ushuaia mide 84,73 m de eslora, navega a unos 12 nudos de velocidad crucero y transporta hasta 90 pasajeros, además de alrededor de 40 personas entre tripulación y staff. Hay comedor, salón de observación y conferencias, bar, biblioteca y áreas abiertas de cubierta. Durante las horas de navegación, el equipo de expedición ofrece charlas y briefings y anticipa, siempre provisionalmente, lo que podría ocurrir al día siguiente. “Provisionalmente” es una palabra importante.
Quien llega a la Antártida buscando un cronograma minuto a minuto probablemente tenga que cambiar de lógica. El programa se adapta constantemente a las condiciones reales. Y eso forma parte del atractivo. Por eso Teo Gounaris, CEO de Antarpply Expeditions, despeja algunas de las dudas más habituales de quienes piensan por primera vez en llegar al continente blanco.
Weekend -¿Hace falta ser un aventurero experimentado para viajar a la Antártida? Teo Gournaris -No. La mayoría de nuestros pasajeros no son montañistas ni exploradores profesionales. Lo importante es tener una movilidad razonable para subir y bajar de los Zodiacs, caminar por terreno irregular y, fundamentalmente, estar dispuesto a adaptarse a las condiciones. W -Qué es lo que más sorprende a alguien que llega por primera vez? TG -La escala y su inmensidad. Las fotografías transmiten una parte, pero cuando uno está frente a un glaciar o rodeado de montañas y hielo entiende que la dimensión del paisaje es otra. También sorprende mucho el silencio. W -¿Cuál es el error más común de un pasajero primerizo? TG -Pensar que todo va a suceder exactamente como figura en un itinerario. En una expedición trabajamos con un plan, pero las decisiones finales dependen del capitán basándose en el clima, el hielo y las condiciones de cada lugar. Esa flexibilidad es justamente lo que permite aprovechar mejor el viaje. W -¿Conviene llegar a Ushuaia el mismo día del embarque? TG – No lo recomendamos. Lo ideal es llegar uno o dos días antes. Estamos hablando de un viaje difícil de reemplazar: un retraso aéreo puede significar perder el barco. W – ¿Y el mareo? TG – Es una de las preguntas más habituales para cuando se atraviesa el Pasaje de Drake. Algunas personas prácticamente no sienten nada y otras sí. Además, las condiciones cambian mucho entre un viaje y otro. Siempre recomendamos consultar previamente con un médico sobre las alternativas disponibles. W -¿Hay camarotes mejores que otros para quienes temen al movimiento? TG – En términos generales, cuanto más bajo y más cerca del centro del barco, menor se percibe el movimiento. Los camarotes ubicados más arriba permiten otras vistas, pero también pueden transmitir más el movimiento del buque. W- ¿Cuál es el momento que más recuerda la gente? TG – No suele ser uno solo. Puede ser ver el primer iceberg, hacer el primer desembarco, avistar una ballena junto al Zodiac o simplemente estar en cubierta en completo silencio. Cada viaje termina teniendo su propia historia. Antes de embarcar Hay algunos consejos que parecen menores hasta que llega el momento de viajar: conviene arribar a la ciudad de Ushuaia 24 o 48 horas antes del embarque. También es fundamental contar con seguro de viaje adecuado, llevar capas de ropa que permitan regular la temperatura y entender que botas, indumentaria exterior y equipamiento específico, pueden depender de cada operador.
La fotografía merece otro capítulo. El paisaje invita a mirar continuamente a través de una cámara, aunque muchos viajeros descubren finalmente que uno de los mejores recuerdos aparece cuando la guardan. Porque ése quizá sea el lujo más extraño de la Antártida: durante unos minutos no ocurre nada. No suena un teléfono. No pasa un auto. No hay edificios, carteles ni tránsito. Solamente hielo, agua, montañas y, con suerte, algún animal que todavía no sabe que nosotros existimos.
Del Ushuaia a un barco de apenas 36 pasajeros La compañía argentina prepara además una nueva etapa. Antarpply incorporó el MY Aureum, un barco de expedición boutique diseñado para apenas 36 pasajeros, cuya operación antártica está anunciada para la temporada 2027/2028. Tendrá propulsión híbrida diésel-eléctrica y apunta a una modalidad de expedición de grupos muy pequeños.
La diferencia no es solamente hotelera. En expediciones polares, un grupo menor puede acelerar el movimiento entre barco, Zodiac y costa, y facilitar una operación más flexible. El AUREUM se integra así a una tendencia creciente dentro del turismo de expedición: barcos más pequeños, expedicionarios y mayor cantidad de tiempo fuera de ellos. El viaje clásico recorre habitualmente el sector noroeste de la Península Antártica y las islas Shetland del Sur, pero existen alternativas más extensas como expediciones que intentan alcanzar el Círculo Polar Antártico, navegar hacia el mar de Weddell o combinar la experiencia con Georgia del Sur.
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