Según el Indec, la actividad repuntó en diciembre y en enero. Pero esa tendencia macroeconómica no llega a reflejarse en los bolsillos, golpeados por la caída de los sectores que más mano de obra generan y con salarios que corren por detrás de la inflación.
En enero, el Indec reflejó una mejora del Estimador Mensual de Actividad Económica de 0,4% contra diciembre. En el Gobierno festejaron el dato y apuntaron contra los economistas que venían advirtiendo sobre un enfriamiento de la actividad. La alegría del oficialismo duró poco. Los números que han trascendido de las mediciones de febrero dan cuenta de que la esperada rectivación volvió a empantanarse.
El índice de actividad del Estudio Ferreres muestra que en febrero hubo una contracción de 0,5% mensual en la medición sin estacionalidad, y una baja anual de 2,9%. Según detallaron esta caída “está asociada principalmente a la mala situación de la industria y del comercio, y en menor medida a una contracción más circunstancial de la generación eléctrica”.
El informe marca que “el fuerte impulso que muestran los sectores de minas y canteras, el agro y la intermediación financiera no alcanzaron a revertir la cifra negativa del segundo mes”. Y anticipan que “para los próximos meses esperamos seguir viendo una marcha de la actividad a dos velocidades”.
Con este diagnóstico remarcan que “la reactivación de los sectores más golpeados dependerá de que mejoren los ingresos de las familias, de la mano de una recuperación salarial y de mejoras en el mercado laboral. La situación más ordenada macroeconómicamente debería dar lugar a que esto comience a producirse en la segunda mitad del año”.
Mientras la actividad tiene altibajos, los ingresos no levantan cabeza. El salario registrado del sector privado cayó un 0,7% en enero, acumulando cinco meses consecutivos de retroceso. En comparación con noviembre de 2023, la pérdida es del 2,3%.
Otros economistas no ven una mejora de la situación salarial en los próximos meses. La consultora LCG marca que la contradicción entre una economía que repunta mientras el poder adquisitivo se deteriora, se debe a que “aquellos sectores que crecen son los generadores de divisas, mientras que aquellos que caen son los generadores de empleo”.
“La sostenibilidad de un proceso de crecimiento económico (todavía ausente) ¿depende más de las divisas, del empleo, o de ambos por igual? Acostumbrados a las tensiones sobre la balanza de pagos, ¿no se estará descuidando las tensiones sobre el empleo y la dinámica social?”, se pregunta LCG.
Desde la consultora ACM son algo más optimistas. De cara a 2026 proyectan una recuperación gradual del salario real en torno a 2,5%. Pero advierten que “los riesgos se concentran, primero, en que no se consolide la recuperación de la actividad y persista la heterogeneidad sectorial, especialmente entre ramas más intensivas en mano de obra, lo que limitaría la capacidad de recomposición salarial en el segmento formal”.
En segundo lugar, mencionan que “una desinflación más lenta o episodios de mayor tensión cambiaria podrían acelerar el pass-through a precios y erosionar los aumentos nominales, aun dentro del esquema de bandas”.
La paradoja del consumo
Otra de las paradojas que marcan los números macroeconómicos, es que el consumo privado medido por el Indec está en niveles récord mientras el salario real retrocede. El consumo privado en el cuarto trimestre de 2025 (último dato disponible de cuentas nacionales) se ubicó 4,4% por encima del que se verificó en el mismo trimestre de 2024. En los primeros dos años de gobierno de Milei el consumo privado, el crecimiento acumulado fue de 8,9%. Con ese desempeño, se erige como el mejor registro de la serie histórica que inicia en 2004, cuando se recalibraron las cuentas nacionales.
Marcos Cohen Arazi, responsable de la sección productiva del IERAL de la Fundación Mediterránea, explica que la situación cambia cuando se tiene en cuenta el consumo per cápita.
“Ese indicador refleja un crecimiento también, tanto en 2025 como en los primeros dos años de gobierno, porque aún descontando el crecimiento poblacional el crecimiento ha sido significativo. No obstante, en la comparación histórica el consumo privado per cápita se ubica 2% por debajo del nivel de 2017 y resulta comparable al que se verificó en el año 2011″.
“Así las cosas, es oportuno resaltar que el buen desempeño macroeconómico que caracteriza a la economía argentina permite comenzar a recomponer el nivel de vida de los argentinos, pero también señalar que solo el crecimiento sostenido durante muchos años podrá permitir revertir la situación de estancamiento relativo acumulada durante más de una década”, plantea Cohen Arazi.