Los ingenieros de la NASA ejecutaron y completaron con éxito una audaz maniobra llamada “Big Bang” sobre la sonda Voyager 2. Este ajuste logró ahorrar unos 10 vatios de potencia eléctrica, un margen mínimo pero crucial que permitirá extender la misión hasta el 2031.
El procedimiento representa un movimiento sin precedentes en una nave que navega a 13.300 millones de kilómetros de la Tierra. La señal enviada desde California tarda aproximadamente un día entero en llegar y regresar desde esa distancia.
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Lanzadas en 1977, las gemelas Voyager 1 y Voyager 2 superaron con creces su meta original de estudiar los planetas del sistema solar. Tras cruzar la heliopausa en 2012 y 2018, ambas pasaron a ser los primeros objetos creados por el humano en adentrarse en el espacio interestelar.
Mantenimiento extremo a miles de millones de kilómetros
El paso de las décadas mermó progresivamente la fuente de poder de los artefactos. Cada sonda funciona gracias a un generador termoeléctrico de radioisótopos (RTG) alimentado por el decaimiento de plutonio, un sistema que pierde energía de manera constante cada año.
A esta falta de electricidad se suman las fallas físicas asociadas a la vejez de los equipos. Las tuberías de propulsor acumulan residuos de silicona que amenazan con obstruir el paso de hidracina, el combustible que mantiene las antenas apuntando hacia la Tierra para posibilitar las comunicaciones.

Asimismo, la drástica baja de temperatura ambiental exige un uso constante de calentadores eléctricos para impedir que el combustible se congele dentro de los conductos.
Frente a este escenario, el ingeniero David Woerner ideó el plan “Big Bang”, consistente en reorganizar múltiples subsistemas electrónicos en simultáneo. El objetivo central fue equilibrar el calor interno de los componentes y reducir el consumo, sin enfriar en exceso las líneas de propulsión.
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Para verificar la seguridad del procedimiento, la NASA dividió la misión en tres fases escalonadas. En mayo pasado probaron encender por primera vez en casi medio siglo un calentador secundario junto a la grabadora de cinta dañada, y tras confirmar un comportamiento térmico estable en junio, hicieron el cambio permanente en julio.
El equipo de operaciones espaciales encabezado por Kareem Badaruddin anticipó que en las próximas semanas aplicarán un protocolo similar sobre el Voyager 1. Ubicada a casi 16.000 millones de kilómetros, la nave más distante de la Tierra requerirá este acondicionamiento para continuar operando al menos hasta 2030.