La caída de Javier Milei en las encuestas, básicamente porque un sector de la población percibe que las mejoras en la macroeconomía no impactan en sus bolsillos, reavivó por estas horas en el Gobierno una vieja interna por la estrategia electoral:
– De un lado, los Caputo, Luis y Santiago, que piden acelerar acuerdos con los gobernadores para aportar certidumbre a la economía y mejorar las perspectivas 2027.
– Del otro, Karina y los Menem, Lule y Martín, que prefieren esperar y cerrar más cerca de la fecha, como en 2025.
Tanto el ministro de Economía como el poderoso asesor sostienen la misma hipótesis: el riesgo kuka (la posibilidad de que el kirchnerismo vuelva al poder el año próximo) impide que se despejen los nubarrones en la economía, pese al esfuerzo del ajuste y el ordenamiento de las principales variables.
Ese fantasma, agregan tío y sobrino, podría desvanecerse si empiezan a sellarse alianzas con los principales gobernadores peronistas, y esto redunda en un repunte en los sondeos y en la confianza de los mercados. Se entraría (creen) en un círculo virtuoso de la política y la economía.
Es un reclamo que el ministro y el asesor (junto a otros funcionarios) le hacían al presidente Milei en la previa de las legislativas 2025. Ese pedido tuvo su clímax en septiembre, cuando el peronismo aplastó a los libertarios en el comicio local. Las semanas que vinieron después fueron, quizá, las más complicadas de toda la gestión.
La incertidumbre económica llevó al Gobierno a pedir el salvataje de Estados Unidos para evitar una corrida y Santiago Caputo empezó a operar que una nueva y previsible derrota en las nacionales del mes siguiente lo terminaría catapultando como jefe de Gabinete o superministro.
Lo que vino después es historia conocida: el triunfo libertario en casi todo el país, incluida la provincia de Buenos Aires, empoderó a Karina y los Menem, que habían diseñado el plan para sellar pocos acuerdos, consolidar la marca y meter legisladores propios en la mayoría de las provincias.
“Si el año pasado, con una situación económica mucho más inestable y sin reservas, con sólo 30 diputados y menos de 10 senadores en el Congreso, con la oposición rechazándonos los vetos en Congreso, nos fue bien, ¿por qué ahora tendríamos que cambiar?”, enumera y saca pecho un fuente del karinismo.
“No hay apuro. Los acuerdos se van a cerrar el año que viene. Y tampoco hay tanto apuro para suspender las PASO. Hay tiempo hasta diciembre”, amplía.
Frenar a los K y acordar en la Ciudad
Más allá de esta idea de seguir ampliando el peso del sello libertario en el interior, el karinismo también admite cierto pragmatismo. ¿Qué implica esto? Que en las provincias donde haya un gobernador aliado y la presencia de un candidato propio puede favorecer un triunfo kirchnerista, la idea será pasar de largo. Esta estrategia incluye mandatarios/provincias del peronismo, pero también del PRO y la UCR. En ese esquema, la alternativa de un entendimiento pasaría por acompañar la candidatura del gobernador aliado a cambio de colar referentes violetas en los lugares más expectantes en las listas de candidatos a diputados y senadores nacionales.
Un caso particular es la Ciudad, el distrito que explica en buena medida el nuevo acercamiento entre el macrismo y el Gobierno. “Lo más probable es que se acuerde para que el PRO siga en el distrito, siempre que ellos no jodan a nivel nacional”, resume una alta fuente del oficialismo.
Este escenario, permitiría eventualmente una reelección de Jorge Macri y garantizaría que su primo Mauricio no se presente como candidato presidencial para restarle votos a Milei. Por la lógica política y porque aún falta más de un año para la elección, ninguno de los dos espacios dará esta negociación por cerrada y habrá movimientos y palabras en sentido contrario para condicionar el acuerdo.
Este pragmatismo político no tendría a priori flexibilidad económica con fines electorales. “No va a haber ni plan platita ni una ayuda especial a las pymes. Olvidate. Milei no cree en eso y ya lo dejó claro: dijo ‘si no les gusta, no me voten'”, confirmó a Clarín un funcionario que habla diario con el presidente.
La misma consigna transmite el ministro Caputo cuando lo consultan por alguna medida paliativa para ciertos sectores. Lo adjudica a la intransigencia del jefe de Estado.
“Ustedes entienden que un fanático como Milei pudo hacer el ajuste que hizo. Pero después esperan que esa misma persona sea flexible en otro momento. No va a pasar”, refuerza el concepto un dirigente cercano a las Fuerzas del Cielo.
Esa intransigencia también mantuvo el Presidente cuando alguien osó comentarle si no se podía flexibilizar la relación con los periodistas acreditados en Casa Rosada. Es para estudiar el odio que Milei les tiene a algunos periodistas. Un enojo que arrancó en campaña y se profundizó cuando asumió el poder.