Javier Milei no piensa mirar las elecciones de Estados Unidos por televisión. Decidió meterse de lleno en la arena política norteamericana y armará las valijas para viajar a Washington el próximo 14 de octubre. Su misión no es un secreto: será el invitado de honor en la Gala Oficial del Hispanic Heritage, un evento clave donde hará campaña en persona para respaldar a Donald Trump de cara a los complejos comicios legislativos de noviembre.
No se trata de una visita de Estado tradicional, sino de una jugada de apoyo explícito organizada por los sectores más duros de la derecha latina. Detrás de las invitaciones están figuras como el estratega español Javier Negre (titular de La Derecha Diario y armador de líderes conservadores en la región) y el puertorriqueño Tony Delgado, líder de Latino Wall Street. El objetivo de esta cumbre a puertas cerradas es claro: seducir a inversores, empresarios y referentes hispanos para inyectar miles de dólares a la campaña republicana.

Para la Casa Rosada, el premio mayor de la noche en el histórico Andrew W. Mellon Auditorium (donde se espera a unas 750 personas) sería conseguir una foto y un saludo personal con Trump. Aunque el encuentro cara a cara todavía no tiene confirmación oficial, los organizadores, que coinciden abiertamente con el movimiento MAGA (Make America Great Again), están moviendo cielo y tierra para que el magnate pase a saludar a su aliado libertario mientras este da su discurso sobre “libertad económica”.
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Si a fines de septiembre concreta su paso por Nueva York para hablar ante la ONU, la escapada de octubre a Washington se convertiría en el viaje número 19 a Estados Unidos por parte de Milei. La frutilla del postre de este tour permanente llegará a fin de año: entre el 14 y el 15 de diciembre, el mandatario asistirá a la cumbre de líderes del G20, que insólitamente se mudará de los despachos oficiales a Mar-a-Lago, la imponente mansión de Trump en Palm Beach.
Sin embargo, esta devoción incondicional por la figura del candidato republicano trae un costo geopolítico. En los últimos meses, el Gobierno argentino empezó a firmar acuerdos que rompen con la tradición diplomática del país. Casos como la adhesión al “Escudo de las Américas” para sumarse a la lucha militar contra el narcoterrorismo, o el impulso de pactos comerciales bilaterales que chocan de frente con las reglas del Mercosur y de la Organización Mundial del Comercio, demuestran que Milei está dispuesto a cruzar cualquier límite para alinearse con Washington.
Citan al Congreso al embajador Peter Lamelas tras una denuncia de presiones en Vaca Muerta
El factor Lamelas y el delicado equilibrio con China
El abrazo total a la agenda de Estados Unidos tiene otro protagonista fundamental en Buenos Aires: el embajador norteamericano Peter Lamelas. El diplomático se mueve con muchísima soltura en el país y encabeza una agresiva cruzada para bloquear cualquier tipo de avance de las inversiones chinas en territorio nacional.
Esta presión constante de la embajada estadounidense representa el mayor dolor de cabeza para la Cancillería argentina. El equipo de Milei se ve obligado a caminar por una cuerda floja muy fina: necesita demostrarle lealtad absoluta a sus socios en Washington, pero sin detonar por completo los puentes comerciales con Beijing, un jugador financiero del que la Argentina todavía no puede darse el lujo de prescindir.
Así, mientras el Presidente prepara su discurso para levantar a las bases republicanas en el auditorio de Washington, en los despachos oficiales cruzan los dedos para que esta inmersión total en la interna partidaria de otro país no termine pasando una factura demasiado cara en caso de que las urnas no acompañen a su socio político en noviembre.
TC
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