La inestabilidad en el estrecho de Ormuz, un paso estratégico por donde circulaba cerca del 20% del petróleo mundial antes del conflicto armado, mantiene en alerta a las tripulaciones y a las empresas navieras internacionales. Para las autoridades iraníes, el objetivo de este corredor es garantizar el tránsito de los buques mediante un esquema pactado entre los dos Estados ribereños, sin la intervención de potencias extranjeras. Baghaei fue contundente respecto a las presiones externas: “Las negociaciones progresaron a pesar de las obstrucciones de Estados Unidos”.
La normalización del comercio marítimo en la región sigue atada a las condiciones políticas y militares que impuso la guerra. Desde la Cancillería de Teherán explicaron que los buques comerciales no recuperarán su ritmo habitual de circulación mientras persistan lo que consideran amenazas sobre la zona y el bloqueo naval estadounidense. El propio Baghaei remarcó que todavía quedan definir los términos finales del entendimiento y señaló que “aún restan asuntos por resolver” antes de la presentación del documento definitivo.
Soberanía y tensión en el Golfo
El anuncio del entendimiento bilateral coincidió con un cruce de declaraciones que elevó la tensión política en el Golfo. El viceministro iraní de Exteriores para Asuntos Jurídicos e Internacionales, Kazem Gharibabadi, salió al cruce de las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, quien había sugerido la posibilidad de proclamar el estrecho como territorio de los Estados Unidos una vez finalizada la ofensiva militar.
Gharibabadi rechazó de plano la postura de Washington y advirtió que el control de la vía marítima no se definirá por la fuerza: “El estrecho no puede ser controlado por medio de amenazas políticas ni demostraciones navales”. En esa misma línea, el funcionario remarcó la postura soberana de su país al asegurar que “la apertura o el cierre del paso queda bajo decisión iraní”.
Mientras se busca implementar este corredor seguro con Omán, la navegación comercial continúa bajo riesgo debido a constantes denuncias de ataques y advertencias a embarcaciones que intentan cruzar la zona. Desde la comunidad internacional, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, se sumó al reclamo de los operadores marítimos y los países importadores de energía al sostener que “reabrir el estrecho es una prioridad” para la economía global porque, según explicó en una entrevista televisiva, su continuidad cerrada “no beneficia a nadie”.