“Mi hija, hasta el día de hoy, duerme con zapatillas por miedo a que vuelva a pasar”

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“Mi hija, hasta el día de hoy, duerme con zapatillas por miedo a que vuelva a pasar”

Entre los escombros y las réplicas que todavía sacuden a Colombia, tres argentinos le narraron a PERFIL su experiencia durante el terremoto que dejó al menos 287 muertos. Cali y Pereira concentran las escenas más duras de la tragedia por la que atraviesa el país desde el lunes pasado.

Antonella es una joven cordobesa que vive en Cali desde hace cuatro años. “Cuando empezó a temblar, estaba en mi departamento en el que vivo con mi esposo y mi perrito. Estamos en un piso 8. Eran las 7:28 exactamente”, relató.

Ambos estaban preparándose para empezar el día cuando empezó a sonar la alarma sísmica: “lo primero que hicimos fue correr”, recuerda, “bajamos por las escaleras, ocho pisos que fueron eternos”.

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“Sabíamos cómo actuar porque esta es una zona sísmica, de alto riesgo”, aclara. “Todos los años se hacen simulacros. Entonces, uno sabe dónde están los puntos de encuentro y que tiene que usar las escaleras y no el ascensor”.

José, nació en Miramar y vivió casi toda su vida en Mar del Plata, pero desde hace más de dos años reside en Cali. En el momento del terremoto estaba en su puesto de trabajo, en el call center de un banco: “Cuándo empezó a temblar en el cuarto piso, se rompieron los vidrios y se levantó el piso. En un momento intentamos bajar por una escalera que se empezó a desmoronar. La sensación era no sé si la cuento”, sostiene.

“Nunca había estado en un terremoto. Acá ha habido pequeños temblores, y lo común era dejarlo pasar y seguir trabajando. Estábamos acostumbrados a eso”.

A diferencia de Antonella, nunca tuvo un instructivo sobre cómo comportarse frente a este tipo de siniestros: “Donde yo trabajo, nunca hubo una capacitación específica sobre terremotos”, aclara.

José, se quedó varias horas para ayudar a sus compañeros: “como tuve la fortuna de ser uno de los pocos que tenía su celular hice un trabajo de comunicación.Agendaba los números para que se comunicaran los que no tenían celular con sus familiares”.

Desde Cali, ambos destacan la solidaridad de las personas. Antonella recuerda que “se activó una red solidaria enorme para personas y animales. Eso habla muy bien de la gente de acá”. José, matizó: “después tenés la contracara, que es el aprovechamiento de los recursos, pero en gran medida la gente se ha vuelto muy solidaria, muy colaborativa, con mucha empatía”.

A más de 200 kilómetros de Cali, Pereira vive un drama paralelo: la capital de Risaralda fue una de las primeras en declarar calamidad pública, con edificios destruidos y su aeropuerto fuera de servicio.

Cristian, un padre de familia oriundo de La Plata que vive en allí desde hace tres años le dijo a PERFIL que el terremoto lo sorprendió durmiendo. Al trabajar por la tarde en una empresa avícola, aún estaba en casa con su esposa.

“Mi esposa, había despachado a los los niños en el transporte hacia la escuela”, y unos minutos después “empezó a sonar el alerta en el teléfono sobre un sismo”. Cuenta que para resguardarse “salimos corriendo hacia un baldío, donde no hay nada que pudiera caerse”.

Cristian relató que “no sabía cómo actuar. Uno lo hace por instinto”. Reconoce que se movió rápido para reagrupar a su familia: “busqué una moto prestada y me fui a buscarlos y al llegar vi a mi hija llena de polvo. Una parte de la escuela se había caído”. Minutos más tarde se reencontraría también con su hijo.

Hoy en día, cuenta que como gran parte de la población vive con temor a que el terremoto pueda volver a sacudir su ciudad. Destaca que si bien físicamente toda su familia se encuentra bien, quedaron afectados desde lo psicológico.

“La niña sufrió mucho. Está muy asustada”, dice respecto de su hija. “Hasta el día de hoy sigue durmiendo con zapatillas y nos pide que durmamos cerca de la puerta de la sala. Estamos durmiendo allí desde que empezó a temblar ese día. Con miedo a que vuelva a pasar”.

Cristian le expresó a este medio su deseo de volver al país: “Hemos hablado y vamos a volver a Argentina. Más que nada por la salud de la niña”. Explica que su hija está haciendo un tratamiento en un hospital que se derrumbó. A última hora del viernes, representantes de la embajada argentina visitaron a Cristian y le suministraron elementos de atención para su hija. “Dijeron que nos van a ayudar con el viaje pero que eso tarda un poquito”, sostuvo.

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