La mirada que la IA no tiene

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La mirada que la IA no tiene

Decís “geometría” y todavía aparecen reglas, compás, ejercicios de colegio. Pero mucho antes de ser cálculo, la geometría fue —y sigue siendo— una manera de mirar.

El hexágono de un panal no es casualidad: es la forma que cubre más superficie con menos material, y las abejas la usan hace millones de años porque funciona, no porque sea linda. Lo mismo con una espiral o una cuadrícula: formas que sobrevivieron porque resuelven algo, no porque decoran. Crear es decidir qué relación entre formas y espacios va a sostenerse.

Una forma simple se transforma sin perder su identidad. La repetís, la girás, le cambiás la escala, le rompés la simetría. Cada decisión cambia el ritmo.

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El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.

Ahí está lo interesante: la geometría no dicta qué crear, ofrece reglas para aceptar, combinar, modificar o romper, a conciencia. La simetría da equilibrio; romperla, tensión.

La mirada que la IA no tiene

Saber geometría no reduce la creación a fórmulas: la amplía. Más decisiones, más conciencia, más clara la intención.

La inteligencia artificial genera decenas de imágenes en segundos, pero esa abundancia no reemplaza el criterio: alguien tiene que seguir mirando, eligiendo, interviniendo.

Vi gente emocionarse frente a una catedral, un cuadro, una fachada con siglos encima. Nunca vi a nadie emocionarse así frente a algo generado por una IA en segundos. No es casualidad: lo que nos conmueve de esas obras no es la técnica: es que detrás de cada proporción, cada quiebre de simetría, hubo alguien decidiendo. Una intención sostenida en el tiempo. Eso todavía no lo produce un algoritmo: lo produce quien sabe qué mirar y qué decidir.

La mirada que la IA no tiene

Cuenta la tradición que en la Academia de Platón había una inscripción: que no entre quien no sepa geometría. Dos mil años después, solo cambió la puerta. Hoy no hace falta entrar a ningún templo: hace falta volver a mirar.

Por eso la geometría es hoy tan contemporánea: en un mundo que produce imágenes casi sin límite, aprender a mirar vuelve a ser una forma de conocimiento.

No hace falta arrancar por una ecuación. Alcanza una pregunta simple: ¿qué sostiene esta imagen? Después, sus ejes, proporciones, tensiones. Ahí, donde antes veíamos una sola forma, aparecen alternativas.

La mirada que la IA no tiene

La geometría no limita la creación. Nos enseña a ver las posibilidades que antes no veíamos.

Lic. Prof. Miryam J. Mazzitelli

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