El cierre del Coro Nacional de Niños, uno de los cuerpos estables dependientes de la Secretaría de Cultura de la Nación, creado el 14 de noviembre de 1967, sigue sumando voces críticas y acciones que visibilizan el impacto que esta medida ha tenido sobre los chicos que encontraban en ese organismo un grupo de pertenencia. Este viernes, a las 18, en las escalinatas del Palacio Libertad, “se llevará a cabo un ensayo y performance coral multitudinaria en defensa de la cultura federal y el patrimonio artístico nacional”.

Así se expresa en un comunicado que, con el título “En defensa propia”, fue promovido por los padres de los jóvenes y la directora del Coro, María Isabel Sanz, quien quedó sin contratación. Ya desde el año pasado el cuerpo estable no tenía pianista, pues con la baja por maternidad de la profesora, el Estado no designó reemplazo.
El Coro llegó a tener entre 45 y 50 integrantes en su mejor época. En 2020, antes de la extensa cuarentena decretada por el gobierno de Alberto Fernández, con Tristán Bauer al frente del entonces Ministerio de Cultura de la Nación, se suspendió el ingreso de más niños para cubrir las vacantes que se iban produciendo. Por entonces quedaron 38 integrantes. Ahora, con el cierre, el número de coreutas era de 19 chicos.
Las vacantes en el organismo se producen a medida que los jóvenes alcanzan la mayoría de edad (18 años). En el caso de los varones, un poco antes, nos cuenta la directora Sanz, “por el cambio de voz”.
El período en que los chicos –una vez que han pasado las audiciones de ley– se integran al Coro Nacional suele ser de una década, pues los más chiquitos llegan con siete años. Pero la comunidad a la que se integran dura toda la vida, dice María Isabel Sanz a Clarín, todavía abrumada por la situación.
Desfinancian la actividad cultural
El texto de los organizadores de la movilización de este viernes dice que la decisión “se produce en respuesta a una serie de medidas gubernamentales que afectan de manera directa a los organismos artísticos estables y desfinancian la actividad cultural en todo el territorio”.
¿Cuánto le costaba al Estado mantener el Coro Nacional de Niños? Estimaron el gasto en menos de doce millones de pesos..
Por ahora, de los nueve cuerpos estables dependientes del área a cargo de Leonardo Cifelli, solo el Coro Nacional de Niños fue cerrado. Siguen vigentes el Ballet Folklórico Nacional, la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos, la Compañía Nacional de Danza Contemporánea, el Coro Nacional de Música Argentina, el Coro Polifónico Nacional, el Coro Polifónico Nacional de Ciegos, la Orquesta Nacional “Juan de Dios Filiberto” y la Orquesta Sinfónica Nacional.
¿Cuánto le costaba al Estado mantener el Coro Nacional de Niños?, quiso saber Clarín. Fuentes de la Dirección Nacional de Elencos Estables estimaron el gasto en menos de doce millones de pesos.
El subsidio a cada chico era de 350 mil pesos (para dos de los padres consultados por Clarín era de 310 mil pesos). La directora percibía un salario aproximado de 3,5 millones y la pianista, 1,5 millones. Claro que no hay pianista desde hace un año.
Nobleza obliga: a esta inversión hay que sumarle la sala para ensayos. Como se sabe, el Palacio Libertad alquila parte de sus instalaciones a privados, de modo que correspondería sumar este costo.

Fuentes de la Secretaría de Cultura de la Nación explicaron a Clarín que “el esquema administrativo y de contratación bajo el que funcionaba el Coro Nacional de Niños presentaba incompatibilidades vinculadas a la participación de menores dentro del régimen vigente de la Administración Pública Nacional”.
Desde la Secretaría de Empleo Público, que aplica taxativamente la prohibición de contratar menores a partir de la gestión de Javier Milei, se pergeñó un nuevo programa para “ampliar el alcance de la formación artística, integrado inicialmente por las líneas de acción “Práctica y Desarrollo Artístico en Canto Coral” y “Práctica y Desarrollo Artístico en Danzas”, lo que permitirá a los niños y jóvenes desarrollarse progresivamente para incorporarse a futuro a instancias de máxima exigencia artística”.
¿Y mientras tanto? Los chicos ya no tienen sala para ensayar, pero redoblan el esfuerzo por mantener vivo el Coro asistiendo a todos los lugares donde los invitan a cantar, siempre acompañados por la directora Sanz. El miércoles estuvieron en el programa radiofónico de Nelson Castro en Radio Rivadavia, y antes lo habían hecho en un canal de TV.
La presentación en las escalinatas del Palacio Libertad convoca a otros directores de coro, compositores y otros artistas que quieran sumarse.
Historias de vida
No todos los chicos tienen la misma situación socioeconómica. Según nos cuenta la directora, en el Coro Nacional se encuentran chicos más humildes y otros de clase media. Entre ellos se establece una fraternidad “muy linda porque la música los une en forma transversal. Desde abril pasado ya no tenían lugar donde ensayar ni cobraban el subsidio. Hay que aclarar que para cobrarlo las familias tienen que renunciar a la AUH (Asignación Universal por Hijo) y otros beneficios estatales”.
Apenas se quedaron en el limbo, un sacerdote les facilitó un salón parroquial en el barrio de Belgrano e incluso la Asociación Nacional de Críticos Musicales destacó que era un hecho cultural negativo el cierre del Coro. “A lo largo de esos años que actúan juntos, estos chicos viven la música, descubren su vocación y sienten esa pertenencia”, dice Sanz.

Es lo que ocurrió con Lautaro, el hijo de Diego García, quien descubrió que quiere ser cantante lírico luego de su experiencia en el Coro. En una carta dirigida a Clarín, García había expresado hace tres meses que el gasto que el Coro demanda “está incluido en el presupuesto de la Nación. Sin embargo, ha sido desfinanciado sistemáticamente los últimos cuatro años hasta terminar en el cierre”.
En su momento, consultadas por este diario, fuentes de la Secretaría de Cultura negaron que el Coro hubiera sido cerrado y admitieron que solo quedaban 19 integrantes porque “no se puede ya contratar menores por la ley de Empleo Público”, instrumento impulsado por el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger.
Por su parte, Lidia Robledo, mamá de Canela, quien ya cumplió 18 años, nos cuenta una historia más emotiva. Su hija fue operada hace dos años de una malformación en el cerebro. Horas muy largas en dos intervenciones quirúrgicas y 45 días en coma atravesó Canela hasta que despertó sin hablar. “Fue gracias a la música y al Coro Nacional que recuperó la voz y hoy está al 100%”, dice su madre.
Para Lidia, el cierre del Coro representa mucha angustia “porque Canela llora, no quiere hacer ninguna otra actividad y quiere volver a estar con sus amigos. Cuando volvió a cantar fue para ella recobrar un lugar de contención emocional”, concluye.
La directora Sanz, que se quedó sin trabajo luego de 34 años de trabajar en el Coro Nacional de Niños en distintos puestos, dice que está abocada ahora a encontrar una salida para estos chicos que permanecieron juntos desde abril y no esperaban el cierre.
La música es el lenguaje que les hace sentir a los chicos que son parte de un todo.
“Yo también fui coreuta y mis dos mejores amigas fueron compañeras de coro. La música es el lenguaje que les hace sentir a los chicos que son parte de un todo. Sienten esa pertenencia y se responsabilizan. No faltan a los ensayos y actúan de manera distinta de como lo hacen en el colegio”, nos cuenta.
Este viernes, si alguien les pregunta “por qué cantan”, según las palabras del poema de Mario Benedetti, estos chicos sin coro podrán decir que lo hacen “porque el grito no es bastante” y para “vencer la derrota”, pero, sobre todo, porque no pueden ni quieren “dejar que la canción se haga ceniza”.