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Esta es una historias que logró atravesar a distintas generaciones de la mano de Roald Dahl. El desembarco de Charlie y la Fábrica de Chocolate en la calle Corrientes confirmó esa premisa al transformar el escenario del Teatro Gran Rex (Av. Corrientes 850, CABA) en el fenómeno teatral indiscutido de las vacaciones de invierno. Bajo la producción de Ozono, MP y Los Rottemberg, la propuesta encabezada por Agustín “Rada” Aristarán ya superó la barrera de los 100.000 espectadores y se encamina hacia su despedida con fecha definitiva confirmada para el 2 de agosto.
En medio de un despliegue de tecnología, música y vestuarios de gran nivel, una de las interpretaciones más aplaudidas es la de Sebastián Almada, quien asume el desafío de componer al emotivo y cómplice Abuelo Joe de Charlie Buckett. Para el actor, la convocatoria significó cumplir un anhelo personal ligado a sus recuerdos más tempranos. “Cuando me llamaron, casi me muero, porque era un sueño realmente entrar en Charlie… Es una de las películas que me marcaron de chico, en la versión de Gene Wilder. No cabe duda, con todo respeto por Johnny Depp, para mí la primera es fantástica, me marcó. Yo quería entrar a esa fábrica; esa fantasía con las golosinas era hermosa. Además amo a Wilder, es mi comediante extranjero favorito. Que me llamaran para interpretar esta historia fue como si me hubieran convocado para hacer Cinema Paradiso o La sociedad de los Poetas Muertos”, confiesa sobre el impacto inicial del proyecto.
El proceso creativo y la complicidad de abuelo a nieto
Darle vida a un personaje que le lleva varias décadas de diferencia en edad no fue un impedimento, sino un punto de apoyo para volcar su madurez escénica y rescatar la memoria de sus afectos familiares. “Me agarra ya con 52 años, más maduro para hacer un abuelo. Ahora lo podés hacer con 20 también, pero ya tengo un bagaje y una experiencia que me encuentran bien parado. Me inspiré un poco en mi abuelo Eugenio, que era un tipo divino, como este Abuelo Joe. Busqué la complicidad con los chicos que hacen de Charlie. Con los cuatro actores que rotan el personaje ensayé un saludo particular que hacemos cuando llegamos, un código nuestro. Cuando viene otro nene y me pregunta cómo es, le digo que es algo entre abuelo y nieto. No por dejarlos afuera, sino para crear un vínculo más fuerte de abuelo y nieto, y ellos lo aceptaron encantados”, relata durante una entrevista exclusiva.

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El intercambio diario con los jóvenes talentos que integran el elenco representa, además, una vuelta a sus propios orígenes dentro del arte y la formación rigurosa desde temprana edad: “Trabajar con chicos es fantástico, quisiera trabajar siempre con ellos. Es tremendo verlos llegar de la escuela con las mochilas y cansados, pero ensayan más que nosotros. Se saben la letra y las coreografías de todos, son admirables. Me hacen acordar a mi propia infancia: era un nene que, a los cinco años, ya estudiaba piano. Llegaba del colegio, venía la profesora y tocaba dos horas por día; después vino el conservatorio de música. Me veo reflejado porque ellos estudian, hacen tap, cantan y bailan con un nivel impresionante”, destaca Almada.
La exigencia del vivo y la mística de los camarines
Afrontar una temporada de altísima demanda que incluye hasta cuatro funciones diarias durante el receso invernal, requiere de un acondicionamiento físico estricto y una disciplina que el actor sostiene con profesionalismo. “Estamos preparados, hago un trabajo aeróbico de salir a caminar, trotar y hablar mientras camino para entrenar la resistencia. En un musical con varias funciones por día te cuestan por las horas que tenés que estar, pero a mí me pagan por esto y amo hacerlo, así que es fantástico. La previa a la función es maravillosa: llegar dos horas antes a los camarines, tomar mate con los compañeros y disfrutar, porque la obra no es sólo la función, es el antes y el después“, explica.

El paso por esta superproducción significa un hito profesional que promete reconfigurar su lugar dentro del espectáculo argentino, demostrando su versatilidad ante grandes audiencias en un formato exigente. “Creo que esta obra es un punto de quiebre en mi carrera. Generalmente me ven como humorista o músico, pero en este caso me están viendo como comediante dentro del musical del año. Ojalá sirva para abrir más puertas y seguir haciendo proyectos de este calibre. La gente que viene al teatro se va llena de alegría, de música, de color y con una historia hermosa donde gana lo bueno y la humildad prima por sobre todo”, concluye sobre este espectáculo que ingresa en sus últimas semanas en cartelera.
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