Llegan los momentos en los que la temporada nos invita a elegir y nos da la posibilidad de pescar diferentes especies, y muchas veces nos cuesta discernir las circunstancias de viajes, costos, preferencias y gustos. También sumamos deseos y la posibilidad de dar el gran salto al inicio de una temporada. Cuando suceden estas cosas hay un paraíso muchas veces maltratado que siempre nos ofrece una chance más. Ese paraíso es el Río de la Plata, el más ancho del mundo. Con la temporada de pejerrey casi en su final, comienza a resonar la pesca de tarariras y dorados, especies que pueden compartir ciertos ámbitos, pero que están muy alejadas de ser pescadas en río abierto, como sucede con los flecha de plata.
Nuestro Delta tiene innumerables sectores para la pesca de estas especies y, temporada tras temporada, van apareciendo siempre algunos más debido al cúmulo de sedimentos a profundidades que ya no son las mismas, nuevas vegetaciones en algún curso de agua y rarezas que nos suele brindar la naturaleza, poniéndonos ante constantes desafíos que nos obligan a aprender todos los días una nueva situación, con la ayuda magistral de los modernos elementos técnicos que hacen más fáciles nuestra navegación y la interpretación de algunos lugares.
Sin dudas, la utilización del GPS ha cambiado la visión de lo que antes era tener alguna referencia en el río. Ayer era mirar un árbol, una pared de juncos o algún barco hundido; hoy, si no sabemos profundidades, rutas y accesos, podemos tener ciertas dificultades que arruinarían la salida de pesca. Ni hablar si tenemos un día tapado por la niebla: el GPS podría ser nuestra salvación. La principal atracción en esta ocasión era dar con buenas tarariras y dorados utilizando pesca con artificiales y con carnada natural.
Equipos para dorados Para la pesca con señuelos hacen falta cañas de spinning o baitcasting de entre 1,80 y 2,10 m de largo, reeles medianos cargados con hilo multifilamento de 40 lb (1 lb = 0.453 kg) y una buena artillería de señuelos, entre los cuales vamos a separar los que serían para cada una de las especies. Para la tarucha, a principios de temporada suelen rendir muy bien todo tipo de ranas de látex, colocándoles una cuchara ondulante emplomada para llegar rápidamente al fondo y accionarla desde ahí. También se usa esta combinación para lograr distancia. En cuanto a los señuelos rígidos, podemos nombrar las ranas Tai de Rubi, el Alfers Spin Fish, los Gozio Fatty y Chake, Raptor Velociraptor y los legendarios Culu Culu de Del.
En cambio, para la pesca de dorados con artificiales en sectores con profundidades de entre 80 cm y 3 m podemos utilizar todo tipo de bananas, como las Alfers de 26 g y 38 g, Gozio Bendy 1 y 2, Rubi Skin 12 cm, Raptor Rex, Rapala Super Shad 9, NG Mojarra Shallow 9, etc. Si los pesqueros son bancos de arena o sectores con piedras, podemos usar señuelos tipo sliders, como los Gozio Valkiria, Rubi Jerk 7 y 9, Pirayu Slider, Rapala Glidding, etc. En cambio, si la idea es pescar con carnada natural, si bien podemos utilizar los mismos equipos, podríamos sumarles cañas de hasta 2,40 m de largo y reeles con mayor capacidad de carga, de hasta 200 m. Este tipo de pesca la podemos hacer tanto de fondo como de flote.
Si elegimos la primera variante, es muy sencillo: pasamos un plomito corredizo de 10 a 40 g en la madre del reel y le atamos una brazolada hecha en cable de acero de unos 60 cm, con un anzuelo entre el 6/0 y el 8/0. Las carnadas principales son los bagres amarillos, morenas, anguilas, sabalitos, boguitas o postas de sábalo.
Para realizar este relevamiento le hice un llamadito a Franco Casaccia, uno de los jóvenes guías en la zona norte de nuestro Delta. Hablamos en un par de oportunidades y rápidamente concretamos el día de encuentro en Guardería Lange, el lugar de partida. Serían nuestros compañeros Lucas Dini, otro de los buenos guías del Delta, y Santiaguito, un entusiasta pescador que quizás nos dé una sorpresa guiando futuramente. Esta gente es de salir bien tempranito, así que, tipo 6:30 en la semana, cuando recién aparecían los primeros rayos de sol, hicimos base en Lange.
Mientras cargábamos todas las cosas nos encontramos con el Tano Ianni, que también iba a hacer pesca variada como nosotros, y con mi amigo Mauro Bittolo, que aún seguía dándole a los pejerreyes. Con todo preparado en la embarcación, Franco tomó su atarraya y se dirigió a una punta de la guardería, a ver si podía levantar algunos sábalos para tener como carnada. Fue difícil la tarea: conseguimos solo uno y un bagre amarillo. Pero, saliendo al río y buscando alguna otra entradita, pudimos dar con algunos más para tener por las dudas.
La primera intención era probar con los dorados haciendo baitcasting y el lugar inicial elegido fue bastante cerquita: las piedras del canal Mitre. Con una navegación muy placentera, riéndonos de diferentes anécdotas y utilizando el arroyo Surubí como un gran atajo, llegamos rápidamente al sector de pesca. Armamos todos los equipos y, utilizando señuelos del tipo banana con paleta 2 y 3, comenzamos los lanzamientos bien pegaditos a las piedras. El primer pique fue muy rápido y clavó nuestro amigo Lucas, que ya conoce el paño, y rápidamente el dorado fue subido a la embarcación para tomar algunas fotografías.
Seguimos la deriva mediante el motor eléctrico, con el cual se pueden corregir distintas circunstancias, recorriendo varios puntos clave de la zona. Sinceramente, no tuvimos muchos piques, pero Santiago sacó el suyo y creo que Franco también. Nos cruzamos hacia la otra margen y aquí las estructuras son diferentes, con algunas entradas de agua, pero que tienen muchas piedras en su desembocadura. Los señuelos elegidos fueron sliders que arrojábamos bien adentro y, con una recuperación rápida, tratábamos de sortear los diferentes obstáculos. Ojo, también usamos algunas mojarras con paleta shallow para pescar al borde de la piedra.
Ahí salieron un par de dorados más; todos estarían alrededor de los 3 kg, más o menos. Esta recorrida había sido para calentar las muñecas. La idea principal era pescar dentro de las islas Solís y Oyarbide, contemplando los pesqueros La Raja, Rajita y Rajita VIP, todos nombres creados por pescadores que tomaron rápido auge entre los fanáticos del río. Saliendo al cauce abierto y cruzando en dirección a la isla Martín García, luego de unos 30’ y con un molesto viento noreste, pudimos ingresar a la entrada principal de La Raja. Casi me vendan los ojos para llevarme a sus lugares secretos, pero la experiencia de tantos años me orientó.
Antes de entrar a los arroyos en busca de las tarariras fuimos a probar dorados con carnada natural en una corredera que realmente pintaba genial. Con cañas largas y líneas de flote encarnadas con postas de sábalo, dejamos derivar el aparejo unos 100 m y, al instante, una corrida pareja en la caña de Lucas nos dio el indicio de que los dorados estaban allí. Otra clavada certera, pelea, fotos y al agua. Tuvimos cinco o seis piques y nos fuimos en busca de las taruchas.
El final más buscado Navegamos muy poquito más y, en un arroyo cuya entrada está muy embancada, casi que llegamos al paraíso de la tararira. Todas las cañas armadas con señuelos de látex y, casteando hacia las costas, se fueron dando decenas de piques de ejemplares de todos los tamaños, algo flacas, pero bien peleadoras. Recorrimos gran parte del arroyo y, si bien no en todos lados había seguidilla de piques, nunca nos dio la posibilidad de estar inactivos. Muy buena pesca. Seguimos por el mismo arroyo hasta un corte y allí no sólo había taruchas, sino que vimos alguna cacería de dorados y hasta tomaron nuestros señuelos de látex. Lo mismo pasó en el curso principal.
El día venía tal cual lo imaginamos, con muy buena pesca, buena camaradería y risas por todos lados. Decidimos parar para almorzar, eran casi las 3 de la tarde, y nos apoyamos sobre una costa mientras fueron arrojadas cañas encarnadas con sábalo sólo por deporte, hasta que las boyas comenzaron a moverse y nuevamente hubo piques continuos de taruchas y dorados. Pero hubo algunas llevaditas que no se concretaban y, al revisar la carnada, veíamos pequeños mordiscones. “Acá hay bogas”, dijimos con Santiaguito, quien armó una caña con brazolada de nylon y un anzuelito Maruseigo N.º 12, encarnando salamín que había traído por las dudas. En efecto, eran bogas. No había pique constante, pero picaban.
Hice algo que no correspondía, debo declararlo. Santiago armó todo, encarnó, dejó la caña para comerse un sándwich y veo el pique característico de la boga en su caña. Me acerqué despacito, agarré la caña y la saqué yo. Me miró fijo, no me dijo nada, pero su silencio me decía cosas feas. En fin, una jornada muy divertida y, por demás, consagratoria.
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