Los vampiros son personajes que ejercen una suerte de fascinación desde la aparición de Drácula como personaje universal y con varias versiones en cine. Ese universo tuvo en el saga iniciada por Crepúsculo nuevas y exitosas representaciones fílmicas.
Y con Brad Pitt y Tom Cruise como protagonistas, el filme Entrevista con el vampiro abrió otra puerta y convirtió a la escritora Anne Rice, en el nombre asociado a ese tipo de personajes y a una saga televisiva que, como se anunció en la ComicCon que termina hoy domingo en Estados Unidos, tendrá su cuarta temporada en el portfolio de AMC Global Media con el título de Queen of the damned (La reina de los condenados). Como dato ad hoc, en Argentina, el universo televisivo de Anne Rice y sus vampiros comprende en su mayoría a mujeres mayores de treinta y cinco años.
Rockero sangriento. Sam Reid, es el protagonista de la saga televisiva y con El vampiro Lestat, que se estrenará en agosto próximo en Argentina, le dio a su personaje una impronta más de Jim Morrison –mítico cantante de The Doors–, que de cualquier Drácula alguna vez interpretado. Las reseñas de la crítica especializada señalaron que la actuación de Sam Reid hace de Lestat un personaje que combina egocentrismo, vulnerabilidad y magnetismo. Y la comparación con Jim Morrison se potencia porque convirtieron al “vampiro” en una estrella de rock.
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Fama. Fuera de escena y de su personaje, Sam Reid se distancia de todas esas características que tiene Lestat. “Los famosos piensan que el mundo está construido alrededor de la devoción que los demás sienten por ellos, pero en realidad, a la mayoría de la gente no le importa porque está interesada en sus propios intereses personales”, dijo Reid hace unas semanas en la previa del lanzamiento de El Vampiro Lestat. En la serie, a su personaje la fama como artistas de rock le llega tan rápido como desaparece, y Reid lo describe como una “ víctima de la sociedad como cualquier otra persona. Lestat cree que va a lanzar su música al mundo y convertirse en un suceso , pero todo se desinfla un poco y se queda lidiando con su ego. Él convierte su trabajo o música en una especie de sesión de terapia para entenderse mejor a sí mismo en lugar de centrarse en cómo interactúa con una horda de fans entregados a su aura”. El tema de la fama efímera es un tema que no le preocupa a Sam Reid pero tampoco le resulta distante porque la exposición pública puede ser un arma de doble filo. “Hoy podés hacerte viral durante un segundo, pero rápidamente la gente lo olvidará por completo”, dice.