Un sorprendente y fascinante hallazgo en el norte de Perú acaba de revelar nuevos secretos acerca de la relación entre los antiguos humanos y sus animales domésticos. Un equipo internacional de arqueólogos desenterró restos momificados que ofrecen la primera evidencia física de que los perros sin pelo habitaban Sudamérica hace más de 1.200 años.
El histórico descubrimiento tuvo lugar en el imponente complejo funerario de Castillo de Huarmey, un antiguo sitio vinculado al Imperio Wari, en tanto que las condiciones de extrema sequedad del desierto costero permitieron que los tejidos orgánicos de los animales se preservaran de forma excepcional.
Los restos analizados en el laboratorio presentan rasgos esqueléticos inusuales que captaron de inmediato la atención de los investigadores. El minucioso estudio óseo que fue publicado recientemente en la revista especializada Journal of Anthropological Archaeology, identificó una particular ausencia de premolares en las mandíbulas. Esta reducción dental está ligada de manera directa al mismo gen responsable de la falta de pelaje en la especie. Además del macho adulto momificado de forma completa, las excavaciones sacaron a la luz huesos de al menos 19 ejemplares diferentes. Las muestras recuperadas incluyen cráneos perfectamente conservados y restos pertenecientes a pequeños cachorros enterrados deliberadamente.
Huellas prehispánicas: dieta y rol social en el mundo andino Por su parte, el análisis químico de los dientes aportó valiosas pistas acerca de lo que comían los animales y cómo eran tratados por las sociedades antiguas. Las pruebas de laboratorio revelaron que los caninos compartían una alimentación muy similar a la de los humanos de la comunidad. Los especímenes consumían grandes cantidades de maíz, la principal fuente de sustento en los Andes prehispánicos. Asimismo, la dieta de los cachorros se asemejaba de forma notable a la de los niños pequeños del asentamiento. Estos datos reflejan que los perros sin pelo ocupaban un lugar sumamente distintivo dentro de la estructura social de la época.
Las diferencias detectadas en los contextos de las sepulturas sugieren que no todos los ejemplares recibían las mismas consideraciones. Mientras que algunos fueron depositados de manera cuidadosa junto a fardos funerarios de la élite Wari, otros aparecieron entre desechos. Por otra parte, la casi total ausencia de marcas de carnicería descarta que fueran utilizados habitualmente como alimento. Los resultados demuestran que los vínculos con las mascotas eran tan variados y complejos hace un milenio como lo son en la actualidad.
La consolidación de estas pruebas biológicas abre una nueva vía de investigación sobre las rutas comerciales prehispánicas en el continente, en tanto que numerosas universidades ya se encuentran gestionando nuevas fases de excavación para determinar si existían centros de crianza organizada en la región.