La robotización es imparable en China por la caída de la fuerza de trabajo

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La robotización es imparable en China por la caída de la fuerza de trabajo

Antes de fin de siglo la fuerza de trabajo de China disminuirá a 300 millones de operarios; y esto torna inevitable la robotización generalizada de sus trabajadores para cubrir la brecha que deja la ausencia de 600 millones de obreros.

Esta situación es esencialmente demográfica: la población en condiciones de trabajar de entre 15 y 64 años de edad alcanzó a 1.000 millones la década pasada, y se derrumbaría a 300 millones en 2100 según Naciones Unidas.

Ante esta situación, China ha instalado 2 millones de unidades de robots en los últimos 3 años, el mayor número del mundo de acuerdo a la Federación Internacional de Robótica; y esto significa que ya 57% de todas las fábricas chinas están robotizadas o se aprestan a hacerlo en los próximos 2/3 años.

La cultura china, esencialmente estratégica, tiende siempre a transformar la necesidad en virtud; y esto es lo que sucede hoy con la fuerza abrumadora de la robotización.

Algunas particularidades de la situación china conviene subrayarlas: hay un alto nivel de desocupación (21% en 2025) entre los jóvenes de 18 y 25 años de edad altamente calificados; y esto se debe a la depresión deflacionaria de la economía doméstica, que es la consecuencia directa de su gigantesco desequilibrio primordial, que es el superávit comercial de US$ 1,6 billones, creado y ampliado por una fenomenal máquina manufacturera exportadora, que recibe todos los años entre 4 y 6 puntos del producto como inversión directa para su expansión.

China es capaz de crear más de 2 millones de robots por año, más que todo el resto del mundo sumado, pero aun así la fuerza de trabajo disminuye con una potencia muy superior.

Esto afecta la cohesión social de la República Popular, que es su valor más apreciado, junto con el incesante cambio tecnológico, que constituyen unidos la base de su legitimidad política.

La depresión doméstica deflacionaria que experimenta China hoy, como consecuencia de su desequilibrio fundamental originado en su mega superávit comercial, amenaza quebrar esta regla básica de la cohesión social, esto es de la gobernabilidad del “Imperio del Medio” del siglo XXI.

No sólo los nuevos graduados universitarios tienen dificultades para obtener empleos acordes a su alto nivel educativo.

También los 296 millones de migrantes internos, que trabajan exclusivamente en la economía doméstica, ganan cada vez menos en términos reales, debido ante todo a que su nivel de productividad es nulo o negativo.

Mao Tse Tung advirtió durante la “Revolución Cultural” que no sólo los jóvenes lectores de su Libro Rojo destruían el país, sino que también llenaban las cárceles y le infligían innumerables humillaciones a las figuras fundadoras del Partido, como a Deng Xiaoping y el propio Zhou Enlai.

Por eso, en un giro estratégico de 180 grados identificó como el principal enemigo de la República Popular a la Unión Soviética, que desplegaba 40 divisiones sobre la frontera del Río Ussuri; y optó por la alianza con EE.UU., presidida en ese momento por Richard Nixon, el fervoroso seguidor del senador Joseph McCarthy; y lo hizo sin dudar, guiado por la necesidad, que es la maestra de los auténticos dirigentes políticos.

Hoy la necesidad tiene el nombre de robotización; y la urgencia en su imposición proviene de la caída sistemática de la fuerza de trabajo.

Pero ninguna de estas iniciativas implica una respuesta eficaz en el corto plazo, sino en el marco, y como parte, de la resolución del desequilibrio primordial surgido de la letal combinación entre la depresión deflacionaria de la economía doméstica y un híper-superávit comercial que en 15 años superará los US$ 2 billones, y que es absolutamente insustentable.

De ahí la alianza – y la necesidad – de la asociación con EE.UU. y Donald Trump, que es lo que está ocurriendo.

En este momento, 2/3 de la población china es urbana; y 20% de ese porcentaje está constituido por trabajadores migrantes, en tanto que 25% del total se desempeña todavía en la agricultura.

Esta es la estructura básica de la cohesión social de la República Popular; y en ella el dato central es que los sectores rurales reciben entre 5 y 7 veces menos ingresos que los urbanos. Sobre esta base debe operar la robotización ineludible.

Al mismo tiempo la economía doméstica, profundamente deprimida y deflacionaria, crea menos empleos y de menor productividad.

Hay que agregar que en términos histórico-estructurales esto significa que el proceso de acumulación del capitalismo chino ttiende a favorecer cada vez más al capital en lugar del trabajo, lo que afecta y resquebraja la cohesión social del sistema.

Todo esto en medio de una revolución tecnológica de la Inteligencia artificial (IA), que tiende a acelerarse sobre sí misma cada vez más a un ritmo vertiginoso que la aproxima a su categoría básica de instantaneidad, lo que agrava el sesgo pro capitalista del proceso de acumulación.

Pero lo nuevo recién comienza en los 5.000 años de historia china; y el capitalismo siempre ha demostrado ser un constante creador de novedades; por eso, en esta cuadratura del círculo que es la realidad de la República Popular hoy, hay que ser apto para esperar y ver, lo que en México denominan “ser capaz de escuchar cómo crece la hierba”.

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