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Baja el consumo en los almacenes de barrio: crecen las compras pequeñas y las segundas marcas ganan terreno

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Baja el consumo en los almacenes de barrio: crecen las compras pequeñas y las segundas marcas ganan terreno
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La compra de primeras marcas cayó fuertemente.

Los gastos fijos absorben el 40% de los ingresos y condicionan el consumo Uno de los principales problemas que identificó Savore es la proporción de los ingresos que los hogares deben destinar a obligaciones mensuales antes de realizar sus compras habituales. “Todos hablan de un 40%”, sostuvo el dirigente al referirse al peso que tienen los gastos fijos sobre el presupuesto familiar.

Dentro de ese porcentaje se encuentran los pagos de servicios, transporte, cobertura médica y otras obligaciones que los consumidores no pueden postergar. Como consecuencia, el dinero disponible para alimentos, vestimenta y otras necesidades resulta más limitado.

“Solo el 60 queda para vivir”, resumió Savore, al explicar cómo se distribuyen los ingresos de numerosos hogares. Esta situación se refleja en los comercios de cercanía, donde los clientes reducen las cantidades que compran y concentran sus gastos en artículos indispensables.

Sin embargo, el dirigente reconoció que la menor velocidad de los aumentos permitió modificar algunos comportamientos que se habían instalado durante los períodos de inflación más elevada.

“Antes tenía que salir a comprar apenas cobraba el sueldo, porque al otro día aumentaba”, recordó sobre la necesidad de adelantar compras para evitar las remarcaciones.

En ese sentido, mencionó lo ocurrido en diciembre de 2023, cuando la aceleración inflacionaria alteró tanto las decisiones de los consumidores como el funcionamiento de los comercios. “Llegamos casi en un mes a treinta puntos de inflación, casi un punto por día”, afirmó.

Por qué la desaceleración de la inflación no logró recuperar las ventas A pesar de que la mayor estabilidad de precios permitió reorganizar las compras, los almacenes no consiguieron sostener una recuperación continua de su actividad.

Savore explicó que durante octubre, noviembre y diciembre se registró una mejora en el movimiento comercial, impulsada en parte por las celebraciones de fin de año. “La venta reactivó”, señaló, aunque aclaró que se trató de un repunte vinculado con una etapa particular del calendario.

“Las fiestas es un plus”, agregó, al destacar la importancia que tienen las celebraciones para los negocios de cercanía. Sin embargo, el escenario volvió a complicarse durante enero y febrero, cuando las vacaciones y los cambios en las rutinas familiares provocaron una reducción de las compras. “Sabemos que tenemos caída de ventas porque la gente se toma unos días de vacaciones”, explicó.

La situación tampoco mejoró inmediatamente durante marzo y abril. Por el contrario, el dirigente aseguró que los comerciantes debieron afrontar meses de escasa actividad mientras continuaban pagando sus costos habituales. “Fueron meses difíciles de verdad para sostener nuestro negocio”, manifestó.

Pese a las dificultades, Savore sostuvo que los pequeños comercios consiguieron conservar su actividad frente a las complicaciones que también atraviesan las grandes cadenas comerciales: “Nuestros comercios siguen estando en pie”.

Las marcas chicas reemplazan a las primeras marcas en las góndolas La búsqueda de precios más bajos provocó cambios en la oferta de productos de los almacenes. Según Savore, las pequeñas y medianas empresas (PYMES) comenzaron a ocupar espacios que tradicionalmente estaban dominados por las marcas más conocidas. “Las PYMES están reemplazando a las primeras marcas”, afirmó el vicepresidente de la Federación de Almaceneros.

El dirigente explicó que la diferencia de precios entre productos similares resulta determinante para los consumidores, especialmente cuando deben administrar presupuestos reducidos.

Uno de los ejemplos que mencionó fue el pan lactal, cuya presentación de 600 gramos puede mostrar una brecha importante según el fabricante: “Un pan lactal de 600 gramos de primera marca, $6.000”.

En contraposición, destacó la existencia de alternativas producidas por empresas más pequeñas que permiten reducir considerablemente el gasto: “Un pan PYME de excelente calidad, $3.000”.

Los precios están estables pero las ventas no crecen.

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Una situación similar se registra con los fideos, donde las diferencias de precios también influyen en las decisiones de compra. “Un fideo PYME lo podemos vender en $1.200”, indicó, mientras que una presentación de primera marca puede alcanzar los $4.000, según sus referencias.

La presencia de estas empresas también creció en otros rubros. De acuerdo con Savore, “las tres cuartas partes de la góndola de galletitas son empresas PYME”.

“La primeras marcas están muy caras”, sostuvo el dirigente, quien consideró que las alternativas de menor precio permiten mantener el acceso a determinados alimentos.

Cómo buscan los almacenes ofrecer precios más bajos Además de incorporar productos de pequeñas empresas, algunos comerciantes comenzaron a modificar sus modalidades de compra y comercialización para reducir los valores de venta.

Savore explicó que el pan lactal elaborado por fabricantes PYME se convirtió en uno de los productos con mejores resultados: “El tema pan lactal es algo que hemos tenido mucho éxito”.

“Una caja de cereales vale $8.000”, señaló el dirigente, exhibiendo quela misma estrategia se extendió a los cereales, un producto que puede alcanzar precios elevados en sus presentaciones tradicionales.

Como alternativa, algunos almacenes comenzaron a comprar estos productos a granel y envasarlos para ofrecer cantidades equivalentes a precios inferiores. “Pasamos a $3.000, en el mismo gramaje”, explicó sobre la diferencia que consiguen trasladar a los consumidores.

La avena también forma parte de esta modalidad de comercialización. “Esa misma avena la compramos, la envasamos nosotros”, detalló.

Según Savore, mientras determinadas presentaciones de marcas tradicionales cuestan alrededor de $5.000, los comerciantes pueden ofrecer productos equivalentes por aproximadamente $2.000.

El dirigente también explicó que la desaceleración inflacionaria modificó la administración de las mercaderías. Durante los períodos de aumentos constantes, muchos comercios acumulaban productos para protegerse de futuras remarcaciones.

Actualmente, esa necesidad se redujo: “Depósito no necesitamos más, más que para una semana de reposición”, señaló.

En su carácter de vicepresidente de la Confederación General Almacenera Nacional, Savore sostuvo que esta organización del stock permite reducir costos y trasladar parte de ese ahorro al precio final.

El fiado sigue vigente pero tiene un límite La caída del poder de compra también mantiene vigente una práctica histórica de los comercios de barrio: el fiado. Aunque los sistemas de pago digitales y las tarjetas ganaron presencia, el tradicional cuaderno continúa siendo una herramienta utilizada por clientes habituales que necesitan postergar algunos pagos. “El cuaderno está”, confirmó Savore.

El dirigente explicó que los almaceneros intentan sostener esa posibilidad como parte del vínculo de confianza construido con quienes compran regularmente en sus negocios.

“Nunca le vamos a decir que no al cliente que nos da de comer”, expresó. Sin embargo, advirtió que los pequeños comerciantes también enfrentan limitaciones financieras y no pueden asumir deudas demasiado elevadas: “No tenemos espalda para resistir un fiado tan grande”.

Según detalló, algunos negocios pueden permitir que sus clientes acumulen deudas de $40.000 o $50.000, siempre que exista la posibilidad de recuperar el dinero en un plazo relativamente breve. “Ese fiado puede ser de $40.000, $50.000”, indicó.

El problema aparece cuando los montos aumentan considerablemente y comprometen la capacidad del comerciante para reponer mercadería o afrontar sus propias obligaciones. “Si le dejamos llevar $300.000 de fiado, lo más probable es que no nos pague”, advirtió.

Savore comparó esta situación con el endeudamiento generado por las tarjetas de crédito y las compras en cuotas, aunque aclaró que los almacenes no buscan promover ese mecanismo como una solución permanente: “El mismo formato está en nuestro negocio, porque eso lo da el banco”.

De esta manera, los almacenes de barrio enfrentan un escenario marcado por ventas reducidas, consumidores más selectivos y una creciente demanda de productos económicos. La incorporación de marcas PYME, la venta de alimentos a granel y la administración cuidadosa del fiado se convirtieron en algunas de las principales estrategias para sostener la actividad frente a la debilidad del consumo.

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