El lado oscuro de la empresa que busca cultivar órganos en cuerpos humanos

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El lado oscuro de la empresa que busca cultivar órganos en cuerpos humanos

La serie Black Mirror, de Netflix, se caracterizó a lo largo de sus siete temporadas en llevar a la pantalla la versiones más retorcidas e incómodas de la tecnología. Pero lo que parecía ficción, hoy es realidad. La startup R3 Bio, dedicada a la investigación biotecnológica y la longevidad humana, tiene planes para desarrollar “clones sin cerebro” destinados a funcionar como fuentes de órganos.

La empresa estadounidense, con sede en Richmond, California, se presentó públicamente este año asegurando que trabaja en la creación de organ sacks o “sacos de órganos” no sintientes, inicialmente en monos, con el objetivo de reemplazar parte de la experimentación animal utilizada en la industria farmacéutica.

Según sus directivos, estas estructuras biológicas carecerían de cerebro funcional y, por lo tanto, no podrían experimentar dolor ni conciencia. No obstante, el informe de MIT Technology Review contradice esa propuesta al sostener que existe una hoja de ruta mucho más ambiciosa.

De acuerdo a una publicación, el fundador de la compañía, John Schloendorn, presentó ante inversores la posibilidad de crear cuerpos humanos clonados con un desarrollo cerebral mínimo, capaces de mantenerse biológicamente vivos pero sin conciencia. En teoría, esos cuerpos podrían convertirse en reservas de órganos compatibles o una hipotética plataforma para futuros trasplantes completos.

La obsesión por vencer al envejecimiento

Bryan Johnson junto a su hijo, Talmage. Foto: El Confidencial.

El proyecto aparece en un momento en que las investigaciones sobre longevidad y extensión de la vida atraen miles de millones de dólares de inversión privada.

Figuras como el empresario estadounidense Bryan Johnson popularizaron la idea de utilizar la tecnología para retrasar el envejecimiento biológico, una tendencia que dio origen a decenas de startups enfocadas en medicina regenerativa, edición genética y órganos cultivados en laboratorio.

R3 Bio parece ubicarse en el extremo más radical de esa corriente. Los documentos revelados por MIT apuntan a lo que denominan “body replacement cloning” o clonación para reemplazo corporal completo.

La compañía, por su parte, negó públicamente estar desarrollando clones humanos o personas con daño cerebral inducido y calificó esas interpretaciones como incorrectas.

Clones sin cerebro y sacos de órganos: ¿son posibles?

La demanda de órganos supera ampliamente a la oferta de donantes.

Aunque la clonación de mamíferos existe desde hace casi tres décadas —el caso más famoso fue la oveja Dolly—, crear un cuerpo humano completo, mantenerlo viable y garantizar la ausencia total de conciencia sigue estando fuera de las capacidades de la ciencia moderna.

Tampoco existe hoy una técnica capaz de trasplantar un cerebro humano o reconectar una médula espinal seccionada de manera funcional. Por eso, muchos investigadores consideran que la propuesta se encuentra mucho más cerca de la especulación que de una aplicación médica real.

La controversia que despertó R3 Bio con su proyecto biotecnológico no surge en el vacío. Según organismos internacionales de salud, la demanda de órganos supera ampliamente a la oferta de donantes en prácticamente todo el mundo.

De hecho, se calcula en miles las cifras de pacientes en el mundo que mueren cada año esperando un trasplante compatible, como así también las lista de espera. En Argentina, por ejemplo, son actualmente 7344 los que están en esta condición.

Por eso, numerosos laboratorios trabajan actualmente en alternativas como órganos impresos en 3D, tejidos cultivados a partir de células madre, xenotrasplantes y órganos generados en laboratorio.

Para los defensores de empresas como R3 Bio, un organismo biológicamente compatible podría eliminar el rechazo inmunológico y reducir la escasez de órganos. Para sus detractores, el costo moral de avanzar en esa dirección sería demasiado alto.

Por ahora, no existen evidencias de que la startup haya creado clones humanos ni cuerpos humanos sin conciencia. Lo que sí existe es una discusión cada vez más intensa sobre los límites de la biotecnología en una era donde la inteligencia artificial, la ingeniería genética y la medicina regenerativa avanzan a una velocidad inédita.

SL

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