La carpa es una de las especies que más preocupa a las autoridades vinculadas con la pesca continental en Río Negro. Su capacidad de reproducción y expansión en distintos ambientes genera impactos sobre los ecosistemas y, por ese motivo, desde la provincia hace años se buscan alternativas para fomentar su extracción. Hasta ahora, uno de los caminos planteados fue incentivar la pesca deportiva de esta especie. Sin embargo, el Gobierno provincial analiza ahora una alternativa que podría agregar un nuevo componente: darle valor económico a los ejemplares capturados y aprovecharlos como materia prima.
La propuesta fue explicada por Pablo Javier Felipe, director de Acuicultura y Pesca Continental del Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo de Río Negro, quien detalló que existe un proyecto para producir harina de pescado utilizando inicialmente residuos provenientes de truchas, aunque la idea, posteriormente, podría ampliarse a la carpa.
El proyecto todavía se encuentra en una etapa inicial. De acuerdo con lo explicado por Felipe, durante este año el objetivo es comenzar con las pruebas para producir harina de trucha en San Antonio Oeste. La propuesta apunta a aprovechar los residuos generados por los establecimientos dedicados a la producción de truchas. En lugar de que elementos como vísceras, cabezas y esqueletos sean descartados, podrían convertirse en materia prima para una planta de procesamiento. “Ya estamos en proceso de trabajar, en San Antonio, la harina de la trucha”, explicó el funcionario, quién señaló que allí existe infraestructura que podría ser utilizada para desarrollar el proyecto, aunque previamente será necesario realizar las pruebas correspondientes para determinar su funcionamiento y rendimiento.
El objetivo: producir alimento balanceado Uno de los principales destinos que se analiza para la harina obtenida es la elaboración de alimento balanceado para animales. Según explicó el director de Acuicultura y Pesca Continental, la harina de pescado posee características nutricionales que permiten utilizarla en diferentes aplicaciones. A su vez, el procesamiento también permitiría obtener aceite de pescado, que posteriormente puede ser refinado para diferentes usos. De esta manera, el proyecto busca avanzar en una lógica de economía circular, aprovechando materiales que actualmente son considerados residuos y transformándolos en productos con valor agregado.
¿Y si después se incorpora la carpa? Aquí aparece el punto que podría generar mayor interés para la pesca continental. Si las pruebas con los residuos de trucha resultan exitosas, el Gobierno de Río Negro analiza la posibilidad de incorporar posteriormente a la carpa dentro del circuito de aprovechamiento. La idea planteada por Felipe es captar ejemplares de esta especie, procesarlos y utilizar su biomasa para elaborar harina. “Tenemos plagado el río acá en Río Negro y buscamos aprovecharlo, sacarlo y darle un valor agregado”, señaló el funcionario al explicar el objetivo.
De esta manera, una especie cuya expansión es considerada problemática podría transformarse en una fuente de materia prima para una actividad productiva. Sin embargo, es importante aclarar que el proyecto de harina de carpa todavía constituye una posibilidad futura. La primera etapa contempla el aprovechamiento de los residuos de las pisciculturas de trucha y la realización de las pruebas necesarias para poner en funcionamiento el proceso.
Una especie que genera preocupación La carpa es una especie introducida en numerosos ambientes de la Argentina y, en determinados sistemas acuáticos, puede alcanzar una importante abundancia. En el caso de Río Negro, desde el área provincial de pesca continental consideran que su expansión genera competencia con especies nativas y modificaciones en los ambientes donde se establece. Felipe explicó que la carpa se reproduce con mucha facilidad y puede alcanzar grandes tamaños, situación que dificulta su control. Además, según indicó, su presencia puede generar competencia por espacios y recursos con especies autóctonas.
¿La carpa se puede comer? Más allá de la posibilidad de transformarla en harina, existe otra alternativa que históricamente genera debate: el consumo de la carne de carpa. Para Felipe, se trata de un pescado que puede consumirse y cuya carne puede ser aprovechada. El principal obstáculo, según explicó, es cultural. En Argentina el consumo de pescado de río no forma parte de los hábitos alimentarios de buena parte de la población, a diferencia de lo que ocurre en otros países y regiones. También existe un aspecto relacionado con el sabor. La carne puede presentar un gusto que algunas personas describen como terroso o asociado al ambiente donde vive el pez.
El funcionario mencionó además una técnica utilizada para retirar un tejido o estructura que identifica como catinga, vinculada tradicionalmente con ese sabor. Sin embargo, destacó que el modo de preparación y las costumbres gastronómicas tienen una influencia importante. “Todo depende de la cultura y también del lugar”, explicó, al señalar que en otras regiones donde la carpa forma parte de la alimentación existen numerosas recetas y preparaciones.
El proyecto que analiza Río Negro combina dos problemas diferentes: el manejo de una especie introducida y el aprovechamiento de residuos de la actividad acuícola. El desafío ahora será demostrar que el proyecto puede funcionar a escala productiva y que la carpa puede pasar de ser considerada un problema ambiental a convertirse en una materia prima aprovechable.
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