Greta García, la autora española más sorprendente: “Las frustraciones individuales son colectivas”

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Greta García, la autora española más sorprendente: “Las frustraciones individuales son colectivas”

En ocasiones, una voz surge de manera inesperada y dice cosas como esta: “La mentalista que se tope conmigo muere. Escucha un microsegundo de to esta paranoia cansina y cortocircuita, catapum, al hoyo, por listilla, por ir leyendo la mente de las demás. Manolete pa qué te mete. Está claro que sufro de palabrerío grave y severo y sin remedio alguno”. O como esta: “Me parieron y aquí estoy, con un cepillo dientes metío en el sieso, intentando no pensar. El que dijo pienso luego existo es un cabeza brótola, como dice la Amparo”. La voz de Pili, la protagonista de la novela Solo quería bailar, de Greta García (Tránsito), llegó y resquebrajó mucho de lo que las narradoras más jóvenes están haciendo: nada de gótico, nada de terror o ficción: acá, la pura realidad es suficientemente tenebrosa.

La española Greta García es autora de la novela Solo quería bailar. Foto: redes sociales.

Greta García (Sevilla, 1992) es una autora tan singular como su libro: es bailarina, coreógrafa, directora teatral y circense multipremiada. Su currículum dice que trabaja con el cuerpo y los objetos y colabora con otras artistas para dar forma a sueños y pesadillas. Y esa corporalidad atraviesa esta novela, la primera que escribe, desde el cuerpo de Pili y lo que hace con él, hasta la pronunciación del castellano en Andalucía, que anota imitando el sonido: “Consigue que el mismo guardia diga: Ay, muhé, pero solo por uhté”, por ejemplo.

El efecto de lectura sopapea de entrada, pero en pocas líneas ya suena natural porque esa es la voz de Pili, sobre la que la autora dice ahora a Clarín desde Sevilla: “Pasé mucha vergüenza en el taller literario leyendo algunos textos de los cuales yo misma me escandalizaba”.

Cae la tarde en España y Greta García está sentada sobre un taburete de madera ante la misma mesa en la que estudiaba cuando era niña. La casa de sus padres se asoma a un bloque de edificios de ladrillo gris, “pero si me inclino veo parte de un parque y entra un rayo de luz que dan ganas de salir a la calle”, cuenta a lo lejos. Entre los ensayos del espectáculo de circo y flamenco titulado Alboroto —y que dirige—, la autora responde las preguntas de Clarín.

–¿Cómo apareció la voz de Pili como dispositivo literario?

–La voz nace a raíz de talleres literarios que recibí en el confinamiento por Covid, de la mano de las autoras Brenda Navarro y Sabina Urraca. En sus talleres online pude probar muchos textos, leerlos para un grupo e ir encontrando un tono que fuese divertido y provocador. Pasé mucha vergüenza leyendo algunos textos de los cuales yo misma me escandalizaba, y lo vi como una buena señal. Me obsesioné y, cual entusiasta que soy, me dije: “¿Y si escribiera yo una novela? ¿Qué puedo contar yo?”. Y de ahí salió el tema de la bailarina, ya que es mi vocación principal. Y desde Pili, una bailarina andaluza, pude volcar todos los horrores y conflictos que me removían en ese momento. Así que escribí y reescribí hasta generar una pequeña historia que presenté de nuevo en un taller de Brenda que se titulaba “Acaba tu novela”. Ahí la presenté, y ella, un ángel, se decidió a ayudarme. El tono andaluz surgió de una manera bastante natural, ya lo hago cuando escribo en mi diario o en mis redes sociales. Al leer, tengo el acento que tengo. Además, había leído varios libros que jugaban con la oralidad, así que no me pareció nada extraño. Ya fue cuestión de encontrar el tono justo con la ayuda de varias compañeras editoras.

–También referías a una “bomba de conflictos” que te “revuelven las tripas” como origen del libro. ¿Cuánto de frustración personal y cuánto de frustración generacional hay en esa bomba que encarna Pili?

–Todavía me sorprendo de lo terapéutica que me resulta la escritura. Hay muchas cosas que no soy capaz de pronunciar o decir en voz alta, y escribiendo salen todas y las disfruto mucho, me quedo muy a gusto. Con Solo quería bailar pude volcar anécdotas y noticias a través de la ficción, que, como bien dices, me revuelven las tripas. No sabría medirte la frustración, se me mezcla con el amor, la rabia y el cansancio. Creo que la mayoría de las frustraciones individuales son colectivas, y es a través de historias personales que podemos narrarlas con más detalle.

–Dicen que con esfuerzo todo se consigue y que no hace falta nada más (especialmente, que no hace falta el Estado). Pero Pili se esfuerza mucho y no logra lo que busca. ¿De qué manera pusiste en diálogo la idea de meritocracia, de destino y de fracaso, que atraviesan con tanta fuerza a las personas jóvenes?

–Por desgracia, estas ideas van de la mano con mucha facilidad. Para dedicarte al arte y vivir de ello, tienes que relacionarte con el Estado de alguna u otra manera, aunque sea para evitarlo. Desde la historia de Pili, como la mía, como estudiante de danza clásica en un conservatorio, es algo que aprendes desde muy cría. Las propias profesoras te advierten, te asustan: si a los dieciséis no eres una gran bailarina, nunca lo serás, mientras te dicen que hay que sudar, competir, que así es como se consigue ser la primera bailarina, con sacrificio. A medida que pasan los años, vas viendo cómo muchas se retiran, se cansan, se desilusionan, y que las que sostienen el tejido cultural son las que tienen más aguante, no porque sean más exitosas, sino porque soportan una fatiga tremenda, resisten en el fracaso del sistema.

–En algunas entrevistas decías que es fácil “empatizar con el fracaso”. Sin embargo, el éxito siempre es noticia y el fracaso no: conocemos a Marianela Núñez, pero no a las miles de Pili que la danza deja tiradas. ¿Cómo se construye socialmente esa empatía, por un lado, pero también el anhelo del éxito?

–El fracaso me interesa, desde luego, me parece que está poco valorado. Al final, todo este juego macabro es de un espíritu capitalista que nos empuja a un éxito que no logro entender. Tampoco conozco a nadie que viva en el éxito a diario, con alegría constante. En mi entorno, en mi propia trayectoria, comer mierda parece ser un camino de lo más normal. No siempre tiene por qué ser así, pero hay mucho de eso. También elegí generar una historia que fuera en decadencia, un fracaso no solo personal, sino social, del sistema. Creo que es un lugar en el que todes podemos identificarnos fácilmente, como cuando una payasa se resbala y nos enseña cómo le duele el culo. Nos hace gracia, porque todas nos hemos caído alguna vez, y relaja poder ver reflejados nuestros problemas en un personaje, que alguien haga el ridículo por nosotras.

–Recordaste “escenas muy chungas en un aula de danza” y cualquiera que haya tomado clases sabe de qué hablás, así como cuando referías a metodologías “tóxicas”. ¿Puede la novela funcionar también como un ajuste de cuentas con esa formación?

–Para mí, escribir esta novela ha sido una manera de vengarme, desde luego que sí. He sentido mucha indefensión, impotencia y rabia ante comentarios y gestos de profesores, ante los cuales no he sabido imponerme cuando tocaba. Con el paso del tiempo, y la distancia, me pregunto cómo una profesora es tan imbécil como para hacerle el vacío a una niña, o recomendarle una etapa de anorexia. La técnica clásica es un arte, y es genial. No es eso lo que deba cambiar, es el cómo, cómo tratamos los cuerpos y las personalidades que los habitan. Es una técnica que está para ser aprendida y disfrutada, no para crear copias de copias, muñecas, una burocracia que puntúa según el número de piruetas. Que pueda enseñarse como una herramienta más para la creación. Por suerte, hay profesoras magníficas que lo hacen y que son la brisa y el amor en los conservatorios y las aulas.

–Pili es un nudo de violencias: la de la danza, la de su padre, la del sistema y sus promesas incumplidas. La mayor parte de la gente vive con ellas, ¿qué es lo que se rompió en Pili para que ese nudo estallara?

–Es algo que me pregunto mucho. ¿Qué nos falta para que estallemos? Es sorprendente lo bien que nos portamos como ciudadanas, lo que somos capaces de aguantar. Me sorprende que no haya más políticos asesinados. Por eso Pili, pese a su mala suerte, es un alivio. Porque simplemente llega un día que dice: “BASTA”. Y decide romper la norma con todas sus consecuencias.

La española Greta García es autora de la novela Solo quería bailar. Foto: redes sociales.

–El Estado no aparece a tiempo para ayudar a Pili, pero sí para castigarla. ¿Por qué, cuando otros sí consiguen tomar esa mano estatal (en forma de ayudas a la creación, por ejemplo, sin ningún esfuerzo), ella se queda afuera?

–El tema de las ayudas públicas es complejo y aburridísimo. Es una espiral sin fin que ya reflejó demasiado bien Franz Kafka en El proceso. En la novela hablo desde el terreno que conozco, el de España, y más en concreto el de Andalucía. Las ayudas a la creación, muy necesarias, dan miedo a las artistas por su lenguaje, su lentitud en los pagos y su revisión exhaustiva, nada accesible para artistas independientes. Como artista, debes ser productora, empresa, y saber trapichear con los dineros para que te cuadre una exigencia absurda. Quedarse fuera de estas ayudas es algo normal, que no es ninguna responsabilidad individual, ya que para una sola resulta inabarcable. Toda persona necesita ayuda. Toda persona necesita una mano que aligere en el trabajo, en la familia, en la amistad. Estar sola en todo es la muerte.

Greta García básico

  • Nació en Sevilla, en 1992. Es bailarina, coreógrafa, directora teatral y circense multipremiada.
Solo quería bailar (Tránsito), de la andaluza Greta García. Foto: redes sociales.
  • Trabajo con el cuerpo y los objetos y colabora con otras artistas para dar forma a sueños y pesadillas.
  • Los textos que escribe son para obras performáticas, canciones para un concierto. Solo quería bailar es su primera novela.

Solo quería bailar, de Greta García (Tránsito).

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