El Gobierno tiene entre manos una propuesta con la que pretende que se normalice la calidad del servicio de colectivos nacionales –los que únen la Capital Federal con el conurbano-, hoy con un nivel de frecuencias muy deficiente. Según afirman las propias empresas, esto tiene que ver con que hoy los costos no les dan debido a que precisan de una nueva recomposición del cuadro tarifario.
La variable que maneja Economía tiene que ver con un cambio en este sentido, y habilitará un incremento en el precio de los boletos. Si bien todavía no está exactamente establecido de cuánto será ese retoque, algunas fuentes consultadas por Clarín indicaron que podría rondar el 15%, es decir que en ese caso pasaría de los $ 700 actuales a los $ 805. Esta cifra quedaría lejísimos de los $ 2.000 que entienden las empresas que debería ser la tarifa plena, pero tampoco estaría cerca de los $ 1.000 que pretenden para poder darle hoy una mejora significativa al servicio.
Todavía no está claro desde cuándo comenzarían a regir las nuevas tarifas, aunque la idea es que la definición no se siga dilatando.
Al menos en esta etapa, la idea del oficialismo es que el precio de los pasajes no toque las tres cifras, algo que saben tendría un impacto real y psicológico importante sobre los consumidores.
Sea cual sea el porcentaje que se determine finalmente, lo que se estaría haciendo es subir el componente de tarifa que está incluido en el costo del pasaje, y bajar el del subsidio que aporta el Estado. Hoy esa ecuación es de un 40% para el primer ítem y del 60% para el segundo.
Otra de las variables que está sobre la mesa tiene que ver con la idea de que el golpe al bolsillo sea menor. La tarifa final crecería porque se aplicaría algún incremento sobre la tarifa, pero menos, aunque la mejora del ingreso para las empresas sería equilibrado en este caso por distintos ítems o compensaciones, sin pegar tan de lleno en el precio de los viajes.
El Gobierno está definiendo en estos días cuál será el esquema final, y su idea es presentarlo a las cámaras sectoriales en una reunión que, según se había dispuesto en el último encuentro, se debería dar esta semana. Lo que también le mete presión a Nación es el último incremento que aplicó la provincia de Buenos Aires.
El lunes pasado puso en marcha un aumento del 11,6%, más del doble que el 5,4% que se había determinado en las líneas de Capital Federal. Con esto, el boleto mínimo quedó en $ 968,57, aunque el segundo tramo –el que cubre un viaje de entre tres y seis kilómetros- ya alcanza los $ 1.089,64.
El Gobierno sabe que la actual diferencia entre los valores de las líneas provinciales y las nacionales es importante, y pretende que se produzca cierto acercamiento, aunque sin llegar a los valores provinciales.
La participación del boleto mínimo sobre el total de pasajes que se expenden por día es importante, aunque no la mayor: cubren un trayecto que va de los cero a los tres kilómetros, y mueven entre el 25% y el 30%. El tramo que más condensa viajes es el de la llamada “segunda sección” -que recorre entre tres y seis kilómetros- con entre el 45% y el 50% de los pasajeros.

Del análisis que haga el Gobierno sobre esta situación y la ingeniería que decida llevar adelante, mucho tendrá que ver el comportamiento de la inflación. Si bien varias consultoras privadas afirman que el IPC de abril mostró una baja desde el 3,4% de marzo –sería la primera desde septiembre de 2025-, para moverse entre 2,4% y 2,8% en abril. El Gobierno quiere evitar que un incremento en el precio de los pasajes se vuelva a transformar en un elemento que pueda hacer retroceder esa inercia a la baja inflacionaria.
El rubro Transporte (que incluye tanto el público como el gasto en autos) representa el 14,3% del IPC nacional. Dentro de ese ítem, el que contempla solo al transporte de pasajeros (en colectivos, trenes, taxis, aviones) tiene un peso aproximado del 4,2% a nivel nacional.