Hay entrenadores que necesitan la escena. Caminan hacia el centro del festejo, levantan los brazos antes que nadie, buscan la cámara aun cuando aparentan esquivarla. Ricardo Zielinski pertenece a otra especie. El ‘Ruso’ es distinto.
Por estas horas abudan las fotos y videos sobre los alocados festejos de los jugadores del ‘Pirata’ tras el triunfo histórico en el Mario Kempes ante Talleres por los octavos de final del Torneo Apertura de la Liga Profesional. En ninguna aparece él. Y en las que aparece, sale caminando con las manos en los bolsillos. Después en la conferencia de prensa mostró su habitual cautela, lejos de subirse al vértigo del triunfo o la vendida de humo. El sábado hubo abrazos, saltos, desahogos; Zielinski, en cambio, parecía correrse apenas unos pasos, como si el ruido no terminara de pertenecerle.
Ese gesto explica bastante de su relación con Belgrano.
El equipo acababa de derrotar a Talleres en Alberdi y Zielinski apareció en la sala de prensa sin frases preparadas para quedar en placas de televisión. Había, sí, una serenidad casi antigua. “Vine para ayudar. Fue un triunfo importante ante Talleres. Cada uno le dará el lugar que considere en la historia”, dijo, con esa manera seca y sencilla de hablar que tiene desde siempre, como si desconfiara de cualquier palabra que pudiera sonar demasiado heroica.
Belgrano ganó un clasicazo inolvidable ante Talleres
El hombre que baja la euforia
Zielinski llegó a 99 victorias como entrenador de Belgrano en 264 partidos. La cifra alcanza para convertirlo en una referencia inevitable de la historia moderna del club. Pero incluso cuando los números lo empujan hacia el pedestal, él insiste en bajarse. Después del clásico, alguien le preguntó si el triunfo podía compararse con aquella Promoción de 2011 ante River, la serie que cambió para siempre la biografía de Belgrano y dejó su apellido unido al recuerdo más grande del club. “Lo de River fue medianamente insuperable por las condiciones en que lo logramos. Este resultado es importante, pero no soy yo quien tiene que ponerlo en un lugar histórico”, respondió.
No hubo pausa dramática ni intención de construir una frase memorable. Zielinski habla como dirige: sin adornos. Tal vez por eso el hincha de Belgrano lo quiere. Sabe lo que es la identidad ‘pirata’, eso de “A lo belgrano”.
Desde su regreso al club, el ‘Ruso’ no perdió clásicos ante Talleres. Empató tres y ganó uno. En tiempos donde el fútbol argentino suele vivir acelerado, esa consistencia adquiere valor de refugio. Más todavía porque se convirtió en el primer entrenador de Belgrano en ganar un mano a mano en Primera División ante el elenco de barrio Jardín.
Sin embargo, él vuelve a correrse del centro. “Somos un equipo humilde que va partido a partido. Acá ganás uno y ya sos campeón; perdés uno y no servís para nada. Estamos equivocados con esa lógica”, explicó después de la victoria.
Belgrano jugará ahora los cuartos de final del Torneo Apertura frente a Unión de Santa Fe. Será el martes. Alberdi volverá a llenarse. Habrá ansiedad, ilusión y esa necesidad tan futbolera de convertir cada partido en un acontecimiento definitivo. Zielinski seguramente intentará lo contrario.