La interna más delicada del Gobierno ya no gira alrededor de la inflación, el ajuste o las tensiones económicas. En las últimas semanas, el foco de conflicto dentro de La Libertad Avanza comenzó a desplazarse hacia las denuncias sobre el patrimonio de Manuel Adorni y la creciente presión interna para que explique el origen de distintos gastos personales y movimientos económicos.
La figura que decidió romper el silencio fue Patricia Bullrich, con el pedido de que Adorni presente una declaración jurada de manera adelantada. El requerimiento cayó como una bomba dentro de la Casa Rosada y terminó abriendo una disputa directa con Karina Milei, principal sostén político del funcionario cuestionado.

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En el entorno presidencial interpretaron el movimiento como algo más que un gesto de transparencia. Para el núcleo duro libertario, Bullrich decidió avanzar sobre uno de los dirigentes más protegidos por Karina Milei en un momento especialmente sensible para el Gobierno.
La preocupación alrededor de Adorni dejó de ser exclusivamente judicial. En el oficialismo admiten que el tema comenzó a generar desgaste político en sectores clave del electorado libertario, especialmente en la Ciudad de Buenos Aires, donde el funcionario construyó buena parte de su instalación pública.
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Por ahora, Adorni evita realizar explicaciones públicas detalladas sobre su patrimonio. Cerca del funcionario aseguran que sus abogados y contadores trabajan en la reconstrucción completa de gastos y movimientos económicos antes de presentar la documentación formal.
Bullrich y Karina Milei, una pelea que viene de antes
La pelea entre Patricia Bullrich y Karina Milei ya dejó hace tiempo de ser una diferencia de estilos. En el Gobierno la describen directamente como una disputa por poder, influencia y supervivencia política dentro del universo libertario.
Bullrich nunca terminó de aceptar el esquema de subordinación absoluta que impone Karina Milei sobre el oficialismo. La ahora senadora considera que aportó volumen político, estructura y gobernabilidad en los meses más difíciles del Gobierno y que, aun así, el karinismo buscó correrla progresivamente de las decisiones centrales.

Del otro lado, cerca de Karina nunca dejaron de verla como una dirigente “en observación”. La hermana desconfía de la autonomía política de Bullrich, de sus vínculos con sectores empresariales y mediáticos y, sobre todo, de su capacidad para construir poder propio dentro de La Libertad Avanza.
La tensión escaló fuerte durante el cierre de listas y el armado libertario en la Ciudad y la provincia de Buenos Aires. Bullrich empujaba dirigentes propios y reclamaba mayor participación en la estructura territorial, mientras Karina consolidaba un esquema cerrado de poder manejado por su círculo de máxima confianza.
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Hubo además choques silenciosos por el vínculo con gobernadores, por el manejo político del Congreso y por la estrategia frente a las crisis más sensibles del Gobierno. En el entorno de Bullrich todavía recuerdan con molestia que Karina Milei evitó respaldarla públicamente en varios episodios de desgaste político y seguridad.
En paralelo, el karinismo comenzó a recortar progresivamente espacios de influencia de la ministra dentro del oficialismo. Funcionarios cercanos a Bullrich quedaron desplazados de mesas políticas, armados electorales y decisiones estratégicas. Eso profundizó todavía más la desconfianza.

La situación empeoró cuando Bullrich empezó a detectar que sectores cercanos a Karina impulsaban operaciones internas para debilitarla políticamente y limitar su crecimiento dentro del Gobierno. En la Casa Rosada aseguran que desde hace meses existe una competencia silenciosa por quedarse con el voto más duro del oficialismo y con el control político del espacio libertario hacia 2027.
Por eso, el pedido para que Manuel Adorni presente una declaración jurada cayó como una declaración de guerra interna. Adorni es uno de los dirigentes más protegidos por Karina Milei y parte central de su esquema de poder político y comunicacional.
Dentro del oficialismo interpretaron el movimiento de Bullrich como un mensaje directo a la mujer de mayor confianza del presidente. Algo así como marcarle un límite político en medio del momento de mayor fragilidad del Gobierno desde la llegada de Javier Milei al poder.
En el karinismo, mientras tanto, están convencidos de que Bullrich no actúa solamente por preocupación institucional o costo electoral. Creen que la ministra empezó a jugar su supervivencia política dentro de un Gobierno donde cada crisis interna redefine el reparto de poder.
RG/AF