María Oruña: “Siempre hay una crítica adyacente en mis libros, en este caso al abandono de la historia y la cultura”

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María Oruña: “Siempre hay una crítica adyacente en mis libros, en este caso al abandono de la historia y la cultura”

La escritora española María Oruña visitó por primera vez Buenos Aires para participar de la Feria Internacional del Libro y presentar su novela, El Albatros Negro (Penguin Random House). Nacida en Vigo en 1976, ejerció durante diez años como abogada laboralista y mercantil antes de dedicarse exclusivamente a la literatura. Hoy, sus novelas han sido traducidas al alemán, al francés, al italiano y al portugués, entre otros idiomas, y sus ventas superan el millón de ejemplares.

Su nombre se consolidó con la serie Los libros del Puerto Escondido, seis novelas de misterio ambientadas en Cantabria que se construyeron alrededor de la teniente Valentina Redondo. Desde Puerto escondido (2015) hasta Los inocentes (2023), Oruña manejó de forma deliberada diferentes subgéneros de la novela negra, alcanzando el éxito mundial. A esa trayectoria se suma también El bosque de los cuatro vientos (2020), su primer libro independiente de la saga, ambientado en la Galicia natal de la autora.

El albatros negro construye un sorprendente híbrido entre aventuras, novela histórica, thriller y misterio, que lleva al lector a través de los siglos por el mundo submarino y sus secretos.

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En el centro de la trama conviven dos líneas temporales. En el presente, una anciana historiadora naval aparece muerta en extrañas circunstancias cuando parecía estar a punto de resolver el enigma de uno de los tesoros más codiciados del mundo submarino, hundido en la ría de Vigo. De la investigación se encarga el subinspector Pietro Rivas junto a Nagore Freire, una extravagante inspectora de Patrimonio. En el pasado, la joven Miranda de Quiroga regresa a su tierra gallega con una pasión inusual para su época: la entomología. Tras la muerte repentina de su esposo, tendrá que decidir entre convertirse en la primera entomóloga de la historia o defender su patrimonio de la amenaza angloholandesa que se cierne en el horizonte. Ambas historias convergen en la batalla naval de Rande de 1702, episodio sepultado por los siglos en las profundidades de la ría de Vigo.

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– ¿Cómo fue el paso del Derecho a la escritura de ficción?
– Fue algo progresivo porque yo tampoco pensaba en ser escritora ni nada parecido. Simplemente en un cambio laboral para resumirlo porque es más largo, pero bueno, yo fui madre y trabajaba en un bufete internacional y era imposible conciliar porque eran muchísimas horas y decidí ponerme por mi cuenta. Entonces, yo tenía un periodo de casi un año, de la baja maternal y, como estaba acostumbrada a hacer mucho trabajo, para mí tener un bebé no resultó tan demandante. Entonces escribí un ensayo novelado sobre el derecho laboral para ayudar a la gente que tuviera problemas, de ciento y pico de páginas y debido a que me pareció fácil que dije, ‘bueno, me quedan 7 meses, pues voy a ver si soy capaz de hacer algo que sea para mí’. Y escribí Puerto escondido.

–¿Y cómo fue? ¿Buscaste a alguien que te representara o alguien te sugirió por qué no publicabas?
– No tenía ni idea, porque no conocía a nadie en el mundo literario, entonces miré en internet y encontré una web que era escritores.org que ponía “busque usted un agente”. Entonces, escribí a creo que todos los agentes de España, todos me rechazaron porque todos decían, sin leer el texto “¿Usted quién es?”. “La sinopsis suena a bestseller”, me llegó a decir uno.
Y cuando por fin un agente me pidió 15 páginas, luego pasó una semana, me pidió 50 y después se estaban pujando dos editoriales, después ya me vendían en el extranjero y yo tan tranquila, seguía trabajando. Hasta me extrañaba que me quisieran entrevistar. Digo, “Ay, pero ¿para qué?” O sea, si ya está el libro ahí. O sea, yo qué voy a contar de mi vida. Mi vida es normal. O sea, no tengo la vida que tienen los personajes de las novelas. Y sí que me costó un poquito al principio porque se me hacía un poquito raro, pero después ya entendí que era como funcionaba.

María Oruña 05052026

– ¿Y leías tu género o fuiste por ahí porque te entretenía a vos hacerlo?
– Yo no leo novela negra. Me refiero a purista. De tipo Raymond Chandler ni nada de eso. Yo siempre he leído de forma muy ecléctica, me encantan los ensayos de ciencia, de historia. Ahora, acabo de terminar a Eduardo Sacheri. El siguiente que tengo para leer en casa, esperándome es de Elisabet Benavent, romántica de España, me encanta Julian Barnes, me encanta Fred Vargas, Rosa Montero.

– Lo primero que escribiste fue un éxito, después de eso, ¿sentiste la presión de con qué ibas a seguir?
–Yo estoy hecha camino a perder. O sea, ya he tenido que apagar incendios en mi vida. Entonces, lo bueno de eso es que yo sé que soy capaz de rearmarme y eso me hace caminar mucho más segura. Entonces, ¿podría salir mal el tema literario? Por supuesto. O puede ir genial, quién sabe.
Presión no siento, tampoco me tomo a mí misma tan en serio. Hago lo mejor que puedo. Siempre estoy tranquila en los lanzamientos porque sé que he hecho lo mejor, he dado todo de mí en mi libro.
Los que estamos en este mundo literario y podemos permitirnos vivir de ello de forma tranquila y decir, “bueno, pues lanzo el siguiente libro dentro de 3 años o cuando sea y lo voy a hacer de esta temática” y esa libertad creativa de que nadie te diga, “pues quiero que escribas de esto”, a mí jamás me han dicho eso. Entonces, soy muy privilegiada, o sea, por muchas curvas que vinieran en el camino, eh seamos serios, esto no es picar en la mina. Qué suerte tenemos. O tengo por lo menos.

– ¿Te acordás cómo surgió la primera escena de esta novela?
El albatros negro, pues mira, yo quería hacer una novela de aventuras y que hubiese un tesoro real para que los lectores lo buscasen y quería que fuese algo náutico. Me puse a trabajar con esto y empecé a buscar en relación a la flota de Indias. Tiene que ser uno que no haya sido localizado ni prospectado. Yo estaba buscando en República Dominicana y un tema de un pirata que me interesaba en el océano índico y estaba por cogerme el avión. Hasta que un día que estaba buscando información sobre barcos y en un archivo encontré que había un tesoro no localizado ni prospectado en la propia ría de mi ciudad, Vigo. Y entonces empecé ahí.
Luego estuve revisando archivos también y mucha información de documentación epistolar de gente que había viajado a Centroamérica sobre todo y que desde Centroamérica escribía sus familias para ver ¿Qué les preocupaba? ¿Qué enfermedades había? ¿Cómo hablaban? Y era muy difícil porque la forma de hablar de 1702, que es la batalla que se cuenta, no hay obras de teatro ni nada de esa época.

–¿Y cómo hacé para manejar ese hilo de documentación cuando se empieza a correr hacia la ficción?¿Cómo hace esa manipulación o ese trabajo con la historia?
– Para mí lo más difícil no es documentarme, porque ir a las bibliotecas, buscar la historia es divertido. Lo más difícil es partir de la nada, a crear la escaleta de dos libros porque son dos versiones de la historia, una del siglo XXI y otra del siglo XVIII que está escrita diferente con un lenguaje distinto, la ambientación es diferente para tener perspectiva de los mismos hechos desde dos universos distintos, porque eran mundos distintos, entonces claro, tuve que hacer dos escaletas separadas, plantearlas en un folio gigante y ver qué desvelo acá, qué desvelo allá y luego coserlas.

– Empezaste tu carrera de escritora en un contexto donde ya las redes sociales estaban creciendo. ¿Cómo creés que compite o cómo se gana su lugar la literatura en en este contexto? ¿Hay lugar?
– Tienes que saber poner límites como todo para que no te vuelva loco. Yo utilizo las redes, pero las utilizo única y exclusivamente por mi trabajo. A mí no se me ocurriría tener redes si no tuviera una vida pública. Pero para mí es un espacio para compartir con los lectores porque se abre un puente invisible para que gente de todas partes del mundo pueda escribir.

–¿Qué es lo que te sigue entusiasmando a la hora de escribir desde esa madre reciente que empezaba a escribir a hoy?
– Para mí tiene que ser un reto. Me fascina la idea de tener algo que contar. Es tanto tiempo de tu vida que te lleva, por lo menos son 2 años de tu vida que se lleva un libro. Para mí al menos. Entonces, son tantísimas horas de dedicación y de esfuerzo y de exposición, porque quien te lee puede saber qué te enfada, qué te preocupa, qué te emociona. Para mí la historia que cuento tiene que merecer la pena ser contada. Mi historia tiene capas, la de averiguar quién hizo qué y cómo, el juego de ingenio, y luego siempre hay una crítica adyacente en mis libros, en este caso al abandono de la historia, de la cultura, del patrimonio por parte de las instituciones, etcétera.
Por otro lado, está la técnica, el artefacto literario que para mí es importante. Yo no hago autoficción, entonces concibo el libro con un cuadro, que la mejor manera de verlo es de lejos, pero luego, si te acercas, ves los detalles y todo encaja. Del mismo modo la última página la cierras y dices “ahora entiendo, por eso me decía este detalle y este otro y este otro” y sonríes no porque el final te recuerda al principio y yo concibo todo así con muchísimo respeto al lector.

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