El asma es una de las enfermedades respiratorias más frecuentes y, con la llegada del otoño y el invierno, sus síntomas tienden a intensificarse. En ese contexto, la neumopediatra Paula Brizuela brindó precisiones sobre esta patología, sus desencadenantes y cómo actuar ante una crisis.
“El asma es una enfermedad respiratoria que es heterogénea, es decir, depende de muchos factores y es muy variable”, explicó la especialista. En términos generales, detalló que se trata de un cuadro con base inflamatoria que genera una respuesta exagerada de los bronquios.
“Los bronquios reaccionan, se cierran y eso es lo que produce la dificultad respiratoria”, indicó. Esta obstrucción impide el correcto paso del aire, lo que deriva en síntomas como falta de aire, silbidos en el pecho y aumento de la frecuencia respiratoria.
Factores que agravan el asma
Brizuela remarcó que el clima es uno de los principales desencadenantes de las crisis. “El frío, sobre todo el frío brusco o los cambios bruscos de temperatura, disminuyen las defensas locales y son desencadenantes de las crisis asmáticas”, sostuvo.
A esto se suman otros factores como:
- Alérgenos presentes en el ambiente
- Infecciones respiratorias,
- Situaciones de estrés emocional
Todos estos elementos pueden activar la inflamación bronquial y provocar episodios de descompensación.
Cómo reconocer una crisis
Uno de los puntos clave que destacó la profesional es la capacidad de identificar a tiempo los signos de una crisis asmática. Entre los síntomas más frecuentes mencionó:
- Dificultad para respirar
- Sensación de falta de aire,
- Respiración acelerada
- Uso de músculos accesorios (movimientos visibles en el pecho o la cabeza para respirar).
También explicó un fenómeno característico: “Hay un atrapamiento aéreo, queda aire en los pulmones que no es funcional para el cuerpo”. Esto genera la sensación de que el paciente no puede exhalar correctamente.
En casos graves, la situación puede escalar rápidamente. “Sí, en los casos más graves se puede llegar a perder la conciencia”, advirtió.
Una enfermedad crónica, pero controlable
Brizuela señaló que el asma es una enfermedad que suele acompañar al paciente a lo largo de su vida, aunque con diferentes niveles de intensidad. “Eso no quiere decir que toda su vida va a tener crisis ni que deba estar siempre medicado”, aclaró.
El tratamiento se basa principalmente en medicación inhalatoria y en el seguimiento médico. Sin embargo, la especialista hizo especial hincapié en otro aspecto fundamental: la educación.
“Es un pilar muy importante: que el paciente y la familia sepan reconocer los síntomas, detectar una crisis y saber cómo actuar”, sostuvo.
En esa línea, explicó que muchas crisis pueden anticiparse, ya que el cuerpo suele dar señales previas, incluso horas o días antes. Por eso, el control adecuado y el conocimiento de la enfermedad resultan claves para evitar complicaciones.