Análsis semanal | El dilema del ajuste infinito, superávit flojo de papeles y un nuevo misionerismo

Rafael Cortes
16 Min Read
Análsis semanal | El dilema del ajuste infinito, superávit flojo de papeles y un nuevo misionerismo

El Gobierno de Javier Milei se sienta sobre la caja para dibujar un superávit que en la cruda realidad ya no existe. La recaudación cae por efecto del ajuste y la Nación suspende pagos para mantener en verde el resultado de caja. Pero el devengado revela una deuda flotante en rápido crecimiento que no es otra cosa que déficit barrido bajo la alfombra. El Estado no paga, el privado no cobra y el efecto dominó profundiza la recesión. En febrero, el estimador de actividad cayó 2,1% interanual, 2,6% respecto a enero y la industria trabaja el 53% de su capacidad.

La motosierra podrá ser muy buena para cortar madera, pero no está resultando suficiente para resolver los enormes problemas de la intrincada economía nacional. El ajuste del gasto público sin acompañamiento de políticas de desarrollo está sumiendo a la economía nacional en una espiral de deterioro del que solo se salvan sectores puntuales. El programa de Milei sacrificó puestos de trabajo, empresas y salarios en el altar del superávit fiscal, pero a la vuelta de la esquina ni siquiera la tan preciada ancla fiscal se salva.

El Gobierno libertario intenta disfrazar la realidad mediante un artilugio contable que genera un costo significativo para el sector privado. Esta semana el equipo económico celebró un superávit fiscal de poco más de 930 mil millones de pesos en marzo, pero ese resultado se logró gracias a un salto de 1,2 billones de pesos en la deuda flotante. Es decir que si el Estado hubiera pagado los compromisos devengados, la caja fiscal hubiera cerrado con un rojo de poco más de 274 mil millones de pesos.

Es como si una familia celebrara llegar a fin de mes con un remanente de 100 mil pesos, pero dejó impagas facturas por un valor de 200 mil pesos. Podrá tener dinero disponible, pero en rigor de verdad, cerró en rojo.

Vale aclarar en este punto que para una administración pública no es poco habitual resolver problemas de liquidez retrasando pagos, de hecho, es algo a lo que están acostumbrados los proveedores del Estado, pero se vuelve preocupante cuando “pisar la caja” se convierte en un mecanismo de financiamiento habitual.

Según estimaciones de analistas en base a datos del Ministerio de Economía, la deuda flotante acumulada en lo que va de 2026 ronda los 5,6 billones de pesos, lo que equivale a 4.000 millones de dólares.

Es probable que el stock de deuda todavía no represente un problema significativo, pero el crecimiento acelerado que viene registrando ese número sugiere que, en un plazo muy corto, esa deuda podría convertirse en una mochila demasiado pesada.

La deuda flotante que se acumuló en marzo fue 55% mayor a la de febrero y la deuda total en el tercer mes del año fue 50% mayor en la comparación interanual. El stock es manejable, pero el ritmo de variación no.

Lo paga el sector privado

Cuando un Estado deja de pagar sus cuentas para convertir un déficit en base devengado en un superávit de caja, se genera un costo que lo paga el sector privado. Los billones de pesos que retiene el fisco para esconder la debilidad del “ancla fiscal” es plata que falta en los bolsillos de los prestadores de PAMI, es financiamiento que se retacea a los discapacitados, a los contratistas de obra pública o a empresas de servicios subsidiados.

El Estado se financia de manera compulsiva a costa de sus proveedores genera un efecto dominó que extiende una recesión que es particularmente severa en todos los sectores de la economía que no se benefician con la primavera financiera del dólar barato ni con la explotación de recursos naturales exportables. El proveedor que no cobra del Estado tampoco paga a sus propios proveedores ni a sus empleados y así es como la motosierra termina cortando en todos los lugares que había prometido dejar intactos.

Si el ajuste se extiende por más tiempo de recomendable y no viene acompañado por ninguna política de crecimiento, el modelo se convierte en un animal que se come su propia cola.

El recorte del gasto golpea al consumo y el consumo a la recaudación, entonces hay que volver a ajustar para evitar el temido déficit fiscal y el ciclo vuelve a empezar.

La estadística oficial indica que la economía argentina está inserta en ese círculo vicioso. La recaudación total lleva ocho meses consecutivos de caída en términos reales. Teniendo en cuenta que todo lo que se podía recortar ya se recortó, sostener el equilibrio fiscal a fuerza de motosierra se vuelve económicamente inviable y socialmente insostenible.

Pero esa pareciera ser la única receta que conoce el especialista en crecimiento con y sin dinero, porque la semana pasada se ordenó un recorte adicional del 2,5% del gasto total del presupuesto a ejecutar antes del 30 de abril, recorte que deberá ejecutarse en un contexto en el que los ingresos de Nación, provincias y municipios apenas alcanza para cubrir salarios y todo lo demás está apagado.

Por el lado de la actividad tampoco hay buenas noticias. El estimador mensual de actividad económica del INDEC registró en febrero una caída del 2,1% interanual y del 2,6% respecto a enero en la medición desestacionalizada. Es el peor retroceso mensual desde diciembre de 2023, cuando el programa de ajuste golpeó de lleno al nivel de actividad.

El agravante es que los sectores más afectados son los que más empleo demandan: la industria manufacturera registró una caída interanual de 8,7% y el comercio mayorista y minorista bajó 7%.

El problema de fondo no es esconder el déficit con un pase mágico de contabilidad creativa, el problema es que la única receta que está dispuesto a aplicar este Gobierno nacional para alcanzar el superávit sea comprimir el gasto aunque ello implique dinamitar el aparato productivo que genera la recaudación de la que depende el fisco para sostener sus cuentas en verde.

Una economía que perdió 22 mil empresas y 300 mil puestos de trabajo formal, que tiene paralizada la mitad de su capacidad productiva por falta de demanda y que acumula ocho meses consecutivos de caída en la recaudación, no está en condiciones de soportar más ajuste. Es una naranja que ya no se puede seguir apretando porque no tiene más jugo.

Respuesta destemplada

La debacle de la economía real coincide con una crisis comunicacional del Gobierno nacional generada por la seguidilla de casos que desmantelaron la narrativa de superioridad moral libertaria. Son episodios que retratan a los más encumbrados funcionarios del gobierno nacional como individuos ávidos de sacar la mayor ventaja posible de los privilegios de pertenecer a la casta política a la que venían a combatir.

Con la heladera vacía y sin el bálsamo del relato, la confianza de la gente en el gobierno de Milei no para de caer. Al menos eso sugieren todas las encuestas de los últimos dos meses, a las que siempre conviene tomar con pinzas.

Lo bueno para el presidente es que no le aparece un competidor con la capacidad de aglutinar el voto opositor, el que pica en punta es Axel Kicillof, sobre quien pesa el sambenito del kirchnerismo que actúa como repelente para amplios sectores en los que el antiperonismo es principio rector del voto.

El más reciente estudio de intención de voto de CEOP Latam revela que apenas un 22% de los argentinos mantiene a Milei como una opción firme de voto de cara a las presidenciales del año próximo y otro 10% considera “probable” votar por la reelección del libertario.

Mientras que un 52% está seguro que el año próximo votará a un opositor y otro 10% considera probable votar a la oposición.

La novedad es que una derrota electoral de Milei aparece como una posibilidad, algo que era impensado hace apenas dos meses. La respuesta del libertario ante este escenario no sorprendió a nadie: montado en su verba ofensiva la emprendió contra el periodismo, aplicando el viejo adagio según el cual cuando la noticia es mala hay que culpar al mensajero.

En eso no se diferencia mucho del kirchnerismo que construyó a su enemigo favorito en lo que dio en llamar “los medios concentrados”, práctica que Milei retomó en forma de consigna con la frase “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.

La cancelación del periodismo se convirtió en una suerte de yihad para las fuerzas del cielo.

Un estudio del Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), encontró la friolera de 113.649 tuits y retuits de la cuenta de Javier Milei, publicados entre diciembre de 2023 y septiembre de 2025, que contenían al menos un insulto al periodismo en general o a algún periodista en particular.

Semejante volumen de vulgaridad y violencia revela un grado de intolerancia que no condice con principios democráticos y abre serios cuestionamientos respecto a la salud mental y equilibrio emocional de la persona que debería llevar con dignidad la investidura presidencial.

Presentación en sociedad

El oficialismo provincial puso en marcha su maquinaria electoral con una reunión partidaria que ofició como presentación en sociedad de Encuentro Misionero, un armado todavía embrionario que pretende ampliar la base política y que rescata la vocación “frentista” que estuvo en la génesis de aquel encuentro entre radicales, peronistas e independientes que terminó dando forma a la renovación misionera.

El nuevo armado se afirma en la identidad provincialista del «misionerismo» y desde ese lugar lanza una convocatoria amplia que apunta a quienes no se sientan representados por las opciones tradicionales de la política nacional, los desencantados con el gobierno de Milei, pero también a aquellos que no quieren volver a formatos de populismo que derivaron en modelos económicos inviables.

“Hay una decisión de salir al territorio, de escuchar, de ampliar la base y de construir una opción competitiva de cara a lo que viene. Pero, sobre todo, hay una lectura política que nos indica que el tiempo de los liderazgos cerrados y las estructuras rígidas está en retirada”, remarcaron desde ese espacio.

En los discursos que se pronunciaron durante el encuentro y en conversaciones posteriores mano a mano con los militantes que asistieron, los principales referentes de este nuevo frente esbozaron un contrato electoral que propone capacidad de gestión probada y un estilo de gobierno que busca siempre el equilibrio entre lo social y lo económico. La mesura y la previsibilidad se proponen como diferenciales.

Unos párrafos atrás analizábamos la última encuesta de CEOP que revelaba una caída en la imagen de LLA que no era capitalizada por ninguna fuerza de la oposición nacional, ese es el vacío que intenta ocupar Encuentro Misionero en la provincia. La estrategia luce razonable, pero el veredicto final lo darán las urnas.

Desde la gestión territorial, el intendente de Posadas, Leonardo Stelatto enfatizó que la defensa de los derechos de los misioneros no vendrá desde afuera. Más que una definición política, sonó a una advertencia que buscó poner a la autonomía provincial en el centro del debate. Un punto fuerte para el oficialismo provincial dado que la principal fuerza opositora es una delegación de una fuerza nacional.

Lucas Romero Spinelli habló de una refundación política con puertas abiertas. Desde la óptica del vicegobernador, la idea de apertura aparece como condición de supervivencia.

El presidente de la Legislatura, Sebastián Macias, puso el acento en el aspecto social. Su crítica al modelo nacional «que mira planillas de Excel» conecta directamente con una sensación extendida en la sociedad que percibe al orden macroeconómico como un factor desconectado de su vida cotidiana.

El diputado nacional Oscar Herrera Ahuad interpretó a la apertura como un «nuevo desafío político» que busca sumar volumen político «para defender, por encima de todo, los intereses de los misioneros» frente a un contexto nacional que «no está dando respuestas».

Al gobernador Hugo Passalacqua le toca la tarea para nada sencilla de respaldar la narrativa con acciones concretas en la gestión.

Para ello se propone sostener iniciativas concretas para amortiguar el impacto de la crisis en los sectores y actividades que sufren con mayor intensidad el retiro de la inversión de un gobierno nacional enamorado de la motosierra. En esa línea, Passalacqua volvió a poner sobre la mesa los reclamos de la producción misionera al solicitar la reducción del IVA para la harina de mandioca, una medida que busca equilibrar condiciones frente a otros productos y fortalecer la economía regional.

En paralelo, convocó a una mesa yerbatera con productores, industria y trabajadores, mostrando a un Estado provincial que, aún en un contexto de desregulación nacional, intenta ordenar, mediar y dar previsibilidad. “Estas medidas son parte de una lógica de gestión que busca sostener el entramado productivo mientras el escenario nacional se vuelve cada vez más incierto”, indicó el mandatario.

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